El 3 de diciembre de 1990 se produjo en la Argentina el cuarto y último alzamiento militar en contra de un gobierno democrático. Fue durante la primera presidencia de Carlos Menem y el mentor de la rebelión fue el coronel Mohamed Alí Seineldín, quien en ese momento se encontraba bajo arresto militar en San Martín de los Andes.

En la madrugada de aquel día, un grupo de poco más de 50 militares ocupó el Edificio Libertador, las instalaciones del Regimiento de Patricios, la fábrica de tanques TAMSE, el Batallón de Intendencia 601 y otras unidades. Según los sublevados, sólo exigían la remoción del generalato del Ejército Argentino, en protesta contra lo que consideraban una creciente injerencia del poder político en la cúpula militar. Uno de los principales impulsores de la asonada fue el capitán Gustavo Breide Obeid, subordinado de Seineldín.

El teniente coronel Hernán Pita, segundo jefe de Patricios, cayó acribillado por seis proyectiles en el momento del ataque a ese regimiento. A su lado también murió, con un disparo en el rostro, el mayor Federico Pedernera, jefe de operaciones de esa unidad. La misma suerte corrió el cabo primero Rolando Daniel Morales.

Pero hubo otras muertes, como los cinco pasajeros del colectivo de la línea 60 que fue chocado por un tanque, en Boulogne, donde además 20 personas resultaron heridas.

Las fuerzas alineadas con el poder político y constitucional, encabezadas por el entonces jefe del Ejército, teniente general Martín Félix Bonnet, reprimieron con violencia la rebelión y recuperaron los objetivos tomados. El trágico resultado fue de 13 fallecidos -de los cuales cinco fueron civiles- y decenas de heridos. Además, muy cerca del Edificio Libertador -que se encontraba tomado, en esas horas- francotiradores rebeldes hirieron a los periodistas Fernando Carnota, de Radio Mitre, y Jorge Grecco, de la revista Somos.

Durante el juicio posterior, Seineldín asumió la total responsabilidad de las muertes que provocó dicho enfrentamiento, y realizó un alegato conocido como "El Nuevo Orden Mundial", el 7 de agosto de 1991, en el que alegó maquinaciones del imperialismo estadounidense y su servidor en Argentina, Menem, en el desmantelamiento del Ejército y la defensa nacional.

Cabe recordar que, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, se habían registrado tres alzamientos militares. El primero había sido entre el 16 y el 20 de abril de 1987; al año siguiente habría dos, uno entre el 15 y 19 de enero y otro entre el 1º y el 5 de diciembre.

El reclamo principal de cada uno de esos movimientos no variaba: los amotinados percibían que estaban transitando un proceso de indefensión nacional. Años después, varios de sus protagonistas siguieron sosteniendo que desde los tiempos de Alfonsín -primer gobierno luego de la última y más sangrienta dictadura militar- había un proceso de "venganza y revancha" para con las Fuerzas Armadas, el cual no pareció cambiar tras la llegada de Menem.

Ese círculo de desconfianza entre los militares y la sociedad civil quizá pueda empezar a cerrarse en estos años, ya que todos los oficiales y suboficiales en actividad han egresado de los colegios después de 1983. Ojalá así sea.

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