Por Matías Resano
mresano@cronica.com.ar

El trasplante es la última opción de vida, o de mejor calidad de vida, para aquellos que atraviesan una grave enfermedad, que sólo puede superarse mediante dicho procedimiento. Desencadena sensaciones completamente dispares, puesto que por un lado genera esperanza, pero angustia y desesperación al mismo tiempo. Impresiones que se profundizan en una situación atípica, como la actual pandemia por coronavirus, producto de la complejidad que implica continuar un tratamiento, mientras se aguarda el donante, respetando los protocolos sanitarios.

En el transcurso de este año, realizaron más de 750 trasplantes de órganos, y 400 de córneas, según informo el INCUCAI en agosto pasado. Una cifra por demás relevante, teniendo en cuenta el extremo panorama sanitario que generó la pandemia. En este sentido, Claudia Mosler, presidenta de la Asociación Pediátrica de Trasplantes, reflejó a Crónica que "el mecanismo está muy aceitado, con un protocolo diferente, haciendo test al receptor y al donante, y del todo personal médico que interviene".

Por su parte, Patricia, mamá de Elizabeth, de 15 años, que espera por un trasplante de hígado, remarcó que "si antes no era fácil, ahora es mucho más complicado movilizar la donación de órganos, por todos los controles que deben realizarse para certificar que ese órgano está en condiciones. En nuestro caso, mi hija requiere un hígado cadavérico, es decir, de una persona fallecida".

A Lucila le sucedió lo mismo en una primera instancia, cuando le informaron la existencia de un donante de riñón. Pero dada las distancias en tiempos de aislamiento, el operativo se frustró. Sin embargo, en la madrugada del 28 de agosto pasado llegó el órgano, y la menor, de 13 años, fue sometida al trasplante que esperaba desde hacía más de un año.

Al respecto, Natalia, su mamá, reconoció que "fue algo atípico porque pensábamos que no iba a llegar en este momento por las complicaciones actuales, ya que el sistema está colapsado, pero hay un equipazo de médicos en el Hospital de Niños, sumado al gran trabajo de INCUCAI". A su vez, la mujer reveló que "cuando empezamos la pandemia, me dije a mí misma que me olvidara de pensar que llegaría el trasplante, y convencerme de seguir dependiendo de diálisis. Por eso sostengo que se trató de un milagro".

Elizabeth y su mamá, pura esperanza. La nena aguarda por un trasplante.

No obstante, Mosler dejó en claro que a muchos de aquellos que aguardan por un trasplante los invade el temor y el riesgo al contagio dado sus estados de salud. Principalmente son quienes deben someterse a una intervención quirúrgica que no reviste urgencia, como las cirugías por córneas o riñones.

No es el caso de Mara, que a sus 4 años se encuentra en lista de espera de un donante de corazón por una cardiopatía congénita, siendo su caso de emergencia, desde fines de noviembre pasado. Su estado es muy bueno, lo cual es muy favorable porque no sólo puede continuar aguardando ese órgano, sin angustia, sino que también les otorga tiempo de estudio y análisis de su capacidad cardíaca, como asimismo la planificación de alternativas previas al trasplante.

En referencia a atravesar una pandemia en una situación tan extrema, Gerardo, papá de la niña de Paraná, Entre Ríos, detalló que "cuando empezó todo esto no sabíamos cuándo serían los controles. El primer mes no sabíamos que hacer, estábamos hundidos en un bache, pero después se empezó a utilizar un poco el sentido común".

Los protocolos son más rigurosos, y con ciertas particularidades, como consecuencia del riesgo que afrontan los pacientes. Comprende teleconsultas, el acompañamiento de un papá o una mamá por niño, pero los propios pacientes y sus familiares aseguran que "los controles están y en su caso, son presenciales".

Sin embargo, a pesar de dicha rigurosidad, de la complejidad y una relativa demora de los procedimientos, Gerardo remarcó que "falta mucha concientización para un procedimiento tan importante que da vida. Al hablar de un niño es peor, porque uno no está preparado para perder un hijo, pero sí se puede concientizar que ese chiquito es un ángel que le salvará la vida a otro. Lo que hay que hacer es difundir y concientizar porque uno nunca sabe cuándo un hijo integre una lista de espera".

Por su parte, Natalia reconoció que el anuncio de la aparición de un donante "es mágico, y a quienes primero agradezco, respeto y admiro son a esos padres que toman una decisión así, semejante acto de amor en el medio del dolor habla de dos personas grandiosas".

Al mismo tiempo, no dejó de destacar a "los médicos y enfermeros que hicieron un trabajo increíble e impecable en medio de todos los protocolos. Actuaron con una solidaridad y profesionalismo inconmensurable". Un eslabón más para que centenares de niños, jóvenes y adultos inicien una nueva vida gracias a un trasplante.

Por M.R.

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