S in lugar a dudas, la liberación de Fabián Tablado quedará como una de las crónicas más recordadas en el ámbito policial, debido a que el caso conmocionó al país y a pesar de que pasó casi un cuarto de siglo, todavía sigue resonando.

Desde tempranas horas de la mañana, el periodismo se hizo presente en la puerta de la Unidad Penitenciaria 21 de la localidad de Campana para cubrir las alternativas de una polémica liberación. Es que a pesar de salir dos años antes de lo previsto, el apellido Tablado tiene un eco que traspasó los umbrales del tiempo.

Con el correr de las horas, se supo que la liberación sería de 12 a 13, ya que era el horario tope que fijó la Justicia, con lo cual, cuando el reloj llegó al caluroso mediodía de Campana, los periodistas iban de lado a lado buscando una foto o primicia para ser los primeros en retratar la salida del "hombre más buscado".

Algo que llamó mucho la atención es que no se acercó nadie a buscarlo en principio, ni su madre, ni los familiares de la víctima, Carolina Aló, ni los movimientos feministas que tranquilamente podrían haber colocado banderas o fustigar al femicida.

Ni a favor ni en contra, nadie estuvo presente, es como si la propia sociedad ya le estuviera dando la espalda desde el primer minuto de libertad, tras quedar libre luego de 24 años.

Apenas pasadas las 12, un Tablado custodiado por dos agentes del Servicio Penitenciario caminó los cientos de metros que separaban el penal de la libertad.

Los flashes y las cámaras captaban cada paso y los cronistas relataron segundo a segundo el camino a la liberación.

Antes de lograrla, primero ingresó a una especie de pequeño cuarto en el cual se culminaron detalles, y tras la apertura de la reja, la sociedad a través de los ojos del periodismo se abalanzó sobre él, buscando respuestas a lo que pasó, a lo que viene y sobre todo a saber si estaba arrepentido de haber cometido un cruento crimen hace 24 años, de una manera inexplicable y salvaje, contra su novia adolescente.

Para sorpresa de todos, Tablado decidió hablar y respondió todo lo que le preguntaban, su vida, el crimen, la cárcel, trabajo, estudio y dónde vivirá, es decir, nunca se ocultó ante las cámaras a pesar de tener un buzo con capucha en una jornada de verano.

La falta de organización de los periodistas para tener "el testimonio" de hace casi un cuarto de siglo, provocó que todo se hiciera de manera casi violenta, cuando todo indicaba que el acusado del crimen de Carolina estaba dispuesto a "dar la cara", y responder todo lo necesario.

Tras varios minutos de una entrevista que seguro quedará en la historia por sus ribetes, una camioneta azul se hizo presente en el lugar para llevarse a este hombre, que a partir de hoy tal vez tenga una "nueva vida", pero se desconoce cuál será su horizonte y cómo se llevará con la sociedad, que ya sabe que está en libertad.

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