A lo largo de los cerca de 200 días de cuarentena los matices fueron cambiando para el universo del transporte público. Corresponde hacer un análisis de cómo se viajó a lo largo de la pandemia del coronavirus, durante la cual disminuyó el uso de los servicios públicos aunque éstos también vieron afectada su capacidad.

Subtes, muy controlados

 

De los tres medios masivos usados en el área metropolitana, la mayor merma se vio en el subterráneo. Es que el recorte de estaciones fue notorio. Sólo se mantuvieron las cabeceras y los puntos de combinación, y a mediados de la cuarentena se agregaron un par de estaciones más en zona de influencia bancaria. Es el medio donde más gente se aglomeraba y donde más se trabajó para evitarlo.

En los días previos a la disposición del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) ya no se podía viajar parado y personal de seguridad en cada estación revisaba cómo partían los vagones. Con el avance de los días y las medidas preventivas, policías y personal de seguridad piden el permiso de circulación antes de pasar el molinete. Incluso en algunas estaciones, como Congreso de Tucumán, Plaza Miserere o Perú, el control es antes de bajar la escalera desde la calle.

Por el aislamiento, el transporte con menos pasajeros es el subte (Pablo Villán/Crónica).

En las estaciones donde se podía combinar por adentro con el tren se cerró ese paso para centralizar el control en una sola entrada general. Esto y la "poda" de estaciones llegaron a disminuir 94% (sí, leyó bien) el uso de la red, tendencia que se mantiene. Quizás la línea H, por su carácter transversal, sea la más utilizada de momento.

Por medio del subsidio del Estado, los boleteros de las estaciones cerradas pudieron seguir cobrando haberes. A los que tenían locales en los andenes no se les cobra el canon. El control, a pesar de las aperturas de distintas tareas en el AMBA, sigue siendo estricto (aunque con algunas licencias de acuerdo con el momento del día) y podemos garantizar que casi nadie sin permiso se toma el subte.

El tren no colapsa

Con algunas restricciones en cuanto a las paradas, pero con gran caudal de gente en las que mantuvo, el tren sigue siendo muy elegido. Son muy fuertes los controles en los accesos a las estaciones cabeceras porteñas (por caso, en la de Once no se puede ni pasar al baño si uno no tiene el permiso, en Retiro incluso se llegó a tomar la fiebre además de pedir el permiso), pero en otros casos, si no se trata de "hora pico", los controles bajan la guardia y se puede subir sin ser controlado, o al menos se controla al azar. Esto evidencia que los trabajadores de seguridad ya "tomaron el tiempo" sobre si los convoyes van o no completos y en qué horario hay que tener más atención.

El tren sigue siendo muy elegido para viajar en cuarentena (Pablo Villán/Crónica).

En horas pico, con la necesidad de tener habilitado el acceso vía celular (se reservan equis cantidad de cupos por una aplicación), sí se hacen retenes previos, que en muchos casos generan colas excesivas y hasta que la gente pierda el tren que tenía reservado. El déficit de controles está en los regresos de horas pico, cuando varios usuarios suelen publicar en redes sociales fotos de vagones llenos, no al punto del abarrotamiento de las épocas de "normalidad", pero sí con gente parada.

El colectivo, ya no tan vacío

El tema de los colectivos es el más cambiante. De entrada no había problemas con el lleno de los asientos, incluso algunas empresas recortaron servicios sin que ello repercuta en un colapso de las unidades. A veces se perdía mucho tiempo con los controles en puntos neurálgicos. Desde el área de tráfico de la línea 67 cuentan a Crónica: "Mantuvimos la frecuencia y se perdía algo de tiempo por algunos cortes en las entradas y salidas de Capital; salvo en Constitución en hora pico, no hemos circulado con todos los asientos llenos". La gente de la línea 64 agrega: "Las unidades no se han llenado, pero la merma de pasajeros frenó al no haber estaciones habilitadas en los subtes D y A, que nosotros recorremos su traza".

El control de permiso es muy escaso y sólo lo realizan autoridades de los entes competentes. Según Matías Morini, experto en el tema y creador del Facebook Hablemos de Bondis: "Se controló mucho los primeros meses y a rajatabla. Colectivos donde venían 10 personas seguían su camino con 2 o 3, en especial en el control de Pacífico, que era el más bravo. También los había en Once, en la 9 de Julio, Rivadavia al 4000, Las Heras y Pueyrredón, por decir algunos. De a poco los fueron liberando, lo mismo que los puentes".

En colectivos, el control de permiso es muy escaso (Nahuel Ventura/Crónica).

Hoy algunas líneas colapsan en su capacidad: la línea 88 sale completa de Once y, al no bajar pasajeros en Capital, todos los que quieren subir hacia La Matanza quedan abajo, y en muchos casos es la única opción que la gente de Flores o Mataderos tiene. Lo mismo pasa con el 31 que va a la zona de Budge, o la 98, que también sale completa y deja a pie a la gente en la avenida Belgrano. Lo mismo sucede con los servicios que usan avenidas "abandonadas" por el subte o donde el usuario ocasional que no cuenta con permiso no tiene otra alternativa.

El tan anunciado control sobre las tarjetas SUBE no esenciales fue más de la boca para afuera, como para "marcarle la cancha" a la gente, que lo sucedido en verdad. Si bien no están los números oficiales de la cantidad de pasajeros, una revisión a ojo de buen cubero permite calcular que al menos un 30 o 40% subió la cantidad de usuarios de julio a septiembre.

El factor económico en el transporte público

El personal de las empresas cobraron normalmente sus sueldos. En algún caso se pagó en cuotas, pero se abonó. También a los inspectores y demás funciones. Las líneas que puedan haber tenido algún conflicto es porque ya lo traían antes de la cuarentena. Lo que sí puede afectar es la obligada renovación de unidades. De acuerdo con Matías Labate, creador de las redes Ciudad de Bondis, "ahora no se va a notar tanto, porque muchos ya tenían pagas las unidades nuevas para renovar y las siguieron incorporando; lo que puede suceder es que muchos que renovaban con cero kilómetro empiecen a hacerlo con usados, que tienen un costo menor". Desde la línea 67 asienten: "En estos meses van a ir llegando cuatro unidades usadas y con aire, pero nosotros ya veníamos con esa política de renovar".

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