E l presidente de Brasil no deja de sorprender por su capacidad de vivir en una realidad paralela, construida por él mismo, pero que nadie más comprende. El coronavirus no es la excepción. Después de proponer que vuelvan las clases y se normalice la actividad, ayer ratificó su interés por la economía más que por la salud.

"Brasil no puede acabar", escribió Jair Bolsonaro en Twitter, mensaje que acompañó con una foto junto al presidente yanqui, Donald Trump, con quien se reunió el 7 de marzo en Florida. Además, advirtió que "si las empresas no producen, no pagarán salarios, si la economía colapsa, los empleados tampoco van a cobrar" y pidió "abrir el comercio y hacer todo lo posible para preservar la salud de los ancianos".

Por otra parte, también se refirió al "horizonte de caos" al que se podría enfrentar el país, con saqueos y violencia callejera. "El caos está en nuestra cara. Podemos tener saqueos. Vamos a tener caos y virus: necesitamos que el pueblo vuelva a trabajar. Los gobernadores son irresponsables en parar la economía con sus medidas", dijo el mandatario al salir de la residencia presidencial, el Palacio de la Alvorada.

"El virus ha llegado, lo estamos enfrentando y pronto pasará. Nuestras vidas deben continuar, los trabajos deben mantenerse, el sustento de las familias debe preservarse. Debemos volver a la normalidad", concluyó.

Estas declaraciones llegaron luego del polémico discurso que brindó el martes por la noche en cadena nacional, en el que el mandatario criticó a los gobernadores que establecieron la cuarentena y se refirió al coronavirus como una "gripecita".

"Lo que está sucediendo en el mundo ha demostrado que el grupo de riesgo es el de las personas mayores de 60 años. Entonces, ¿por qué cerrar las escuelas?", se preguntó y afirmó que si él mismo se contagiara "sería una pequeña gripe o un pequeño resfrío" y no "la histeria y el pánico que los medios diseminaron".

Le soltaron la mano

Los 27 gobernadores de Brasil se reunieron ayer para determinar el futuro político del país, luego de la crisis que desató Bolsonaro por oponerse a las restricciones. "La reunión ocurrió dada la gravedad de la situación del país y el comportamiento del presidente", comentó el gobernador de San Pablo, Joao Doria. En ese marco, dos de los aliados derechistas más fuertes del jefe de Estado, Rolando Caiado, de Goias, y Moisés Da Silva, de Santa Catarina, le quitaron el apoyo.

En la misma línea, el jefe del Ejército, el general Edson Pujol, también marcó distanció, al afirmar que la lucha contra el brote de coronavirus será "quizás la mayor misión de esta generación" de militares, por lo que pidió la unión de todos los brasileños.

En un comunicado dirigido a todos los cuarteles, el general Pujol defendió las medidas de restricción y a los médicos del sistema público que trabajan contra la pandemia. "Los integrantes del sistema de salud son nuestros combatientes en la línea de frente", expresó en el mensaje en el que se refiere exclusivamente al Ministerio de Defensa como su máxima autoridad y no menciona en ningún momento al presidente Bolsonaro.

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