P aula Meléndez tenía 88 años, fue violada y dos meses después murió. El 7 de febrero de 2016 ella fue a la verdulería, en la localidad bonaerense de Ingeniero Maschwitz, cuando fue atacada. El hecho está impune.

"La siguió un tipo joven, desconocido, le empezó a hablar y le decía "abuelita qué linda sos, no tendrías que andar sola" y a la cuadra y media la empujó a la vereda detrás de un contenedor de una maderera. La insultó, la golpeó, y le bajó los pantalones y se bajó los suyos. Se le tiró encima", le cuenta a "Crónica" Adriana Cufré, la hija de la víctima.

"Ella no pudo contarlo. Fue tal el shock, que decía que no se acordaba, y cuando fue el perito a verla al hospital, la miró desde la puerta de la habitación, le dijo: "A ver" y escribió nada, ni ADN de sus uñas, de su ropa, nada hicieron. Ella quedó muy lastimada, sobre todo en sus piernas, mi mamá tenia muy finita su piel, como los viejitos", agregó.

La hija recordó que "por su edad y padecer epoc, se complicó la anestesia e hizo un neumotórax y fue a parar a terapia. Pudo salir a la semana de allí y venía evolucionando, podría decirse que bien, hasta nos habían dicho que tendría alta domiciliaria. Se volvió a complicar su salud con una bacteria intrahospitalaria, y falleció. Esto ocurrió a los dos meses y dos días del abuso".

"Su causa está en la UFI 4 de Escobar, del fiscal Christian Fabio, que es el que tiene la fiscalía con perspectiva de género. No tengo abogado penal, la verdad es que no cuento con el dinero para eso. Me las arreglé como pude para que me den una copia de la causa pidiéndole ayuda a abogados civiles conocidos. Mi hermana es abogada, pero nunca quiso hacer nada, prefiere olvidar. Una sola vez pude leer la causa, del dolor que me da. Encima, en la causa me echan la culpa de no colaborar con la fiscalía, diciendo que llamaban a mi casa para preguntar por la salud de mi mamá y yo no les quería responder’, dice y agrega: "Es la verdad, yo cuidaba todos los días a mi mamá de noche, y de día dormía".

Adriana manifestó que "la última vez que vi al fiscal fue en la calle, que me lo crucé y le pregunté si había alguna novedad y se hizo el desentendido y me dijo: ‘andá a hablar con mi secretaria’".

"De ella lo que más extraño es su vitalidad y las ganas que le ponía todos los días a la vida", dice Adriana, que no baja los brazos y sigue reclamando justicia para su mamá.