F rancisco está recuperado. Salió del cuadro gripal con fiebre que lo sorprendió el miércoles 27 de febrero. El día estaba más templado que frío. La audiencia pública que en invierno se hace en el Aula Paulo VI, donde caben 6.000 personas, no se suspendió. Se hizo en la Plaza San Pedro, al aire libre, y se repartió alcohol en gel entre los fieles. Esa jornada coincidía con el Miércoles de Ceniza y Bergoglio por la tarde presidió la ceremonia imponiéndoles las cenizas en la frente a los presentes. Uno por uno. A la noche no estaba bien. Le subió la temperatura más de lo habitual, no paraba de estornudar y tenía síntomas de gripe.

Se descartó el coronavirus tras las pruebas de rigor, pero tuvo que estar en reposo en su casa de Santa Marta. Obediente, salió adelante. El Vaticano es una ciudad, de la cual es el jefe de Estado. Tiene 44 hectáreas que se distribuyen así: 22 de jardines y 22 de construcciones. Por el coronavirus se suspendieron todas las actividades. El único que está al pie del cañón es Matteo Bruni, el director de prensa de la Stampa de la Santa Sede, quien, como si con todo esto tuviera poco, necesitó desmentir con urgencia la fake news (noticia falsa) que salió por Twitter desde España dando por muerto a Benedicto XVI.

El protocolo que impone el Vaticano es el siguiente: se cerraron los museos y las puertas de la Basílica de San Pedro. Esta Semana Santa será diferente a todas. El Papa les hablará a los fieles a través de un video. El mismo medio utilizará para el Ángelus de los domingos y las audiencias públicas. Se sabe que esto no será modificado hasta que no se supere la emergencia. Todo lo que signifique contacto físico con gente no será posible por ahora y las reuniones en su casa serán más acotadas. Se tomarán precauciones extremas en relación con quienes necesiten ver a Su Santidad, que, aunque se esté atravesando esta crisis sanitaria, no puede dejar de ejercer su rol de jefe de Estado, siendo uno de los tres más importantes del mundo.

Quienes conocemos a Bergoglio sabemos que lo que más le gusta es el contacto con el público. Trepar al papamóvil, repartir amor y bendiciones. Viajar, evangelizar. Visitar a los enfermos. Pasa horas escribiendo con anticipación todas sus homilías. Todo lo hace solo. No delega sus palabras. Le brotan del corazón y van directo de la pluma al papel. Para él, la paz es una pasión. Todo pasa y esto también va a pasar.

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