U n cadáver envuelto en una sábana amaneció ayer a la intemperie, en un banco y bajo la sombra de un parasol. Sobre él, un ramo de flores y un cartel con la leyenda "hemos llamado al 911 y no hay ayuda". Ocurrió en un edificio de Sauces 8, un sector guayaquileño de clase media, cuyos habitantes no daban crédito a lo que veían mientras trataban de registrar la escena con sus celulares.

Lo curioso es que esa mujer no falleció por coronavirus, sino por un problema intestinal que se complicó durante la pandemia. Sus familiares no pudieron internarla en un hospital, debido a que todos están colapsados por la emergencia sanitaria provocada por el Covid-19, cuyo 70% de víctimas están en esta ciudad de 2.700.000 habitantes.

Sin embargo, las cifras no concuerdan con lo que ocurre en los barrios urbanos y suburbanos del Puerto Principal, la capital económica del país, donde cientos de personas denuncian a diario, en redes sociales, que los cuerpos de sus familiares no han sido retirados de sus casas por los policías acreditados y que se descomponen a la vista de todos. Esto ha engrosado la lista de subregistros de cadáveres no confirmados con coronavirus, pero reportados como víctimas de patologías neumológicas o problemas respiratorios severos.

El trámite previsto por las autoridades para sepultarlos es engorroso. Primero hay que comunicarse con el centro ECU-911 y reportar el deceso. Luego, se notifica al Departamento de Medicina Legal para levantar información y emitir el certificado de defunción. De inmediato hay que acudir al Hospital de Infectología con el fin de solicitar el permiso de inhumación del cuerpo para después inscribirlo en el Registro Civil, que un mes después de la emergencia activó una dirección electrónica para hacer el trámite en línea.

Pero ahí no acaba el drama. Con toda la documentación, que puede demorar horas o incluso días, llega la tarea de hacer interminables filas en los cementerios para pedir un turno para inhumar los restos, lo cual tampoco es fácil, ya que la capacidad de los camposantos está desbordada. El mismo panorama se vive en las funerarias, donde el precio de un ataúd por estos días va de 500 a 1.200 dólares, cifra bastante alta si se considera que el salario básico mensual es de 467 y el pago aún es incierto.

Incluso se analizó la posibilidad de instaurar una especie de fosa común, que después derivó en camposanto, para resolver la pestilencia que emanaba de los restos descompuestos, pero la idea fue descartada ante los reclamos ciudadanos. Mientras tanto, el municipio de Guayaquil gestionó la entrega de contenedores con sistema de frío como medida de evacuación, en vista de que en las morgues ya no cabe ni un alfiler.

Incluso el Hospital Teodoro Maldonado Carbo, del Seguro Social, se vio obligado a cerrar el área de emergencias para desinfectarla, por la alta carga viral que provocó la arremetida de personas con síntomas gripales. Además, sus representantes afirmaron en un comunicado que médicos y enfermeras ya se habían contagiado. Precisamente en este lugar se filmaron videos de muertos embalados y amontonados en los patios de la casa de salud, lo cual fue confirmado por la ministra de Gobierno, María Paula Romo.

La crisis se profundiza por la falta de reactivos para confirmar la enfermedad, lo que ha provocado una reacción ciudadana afuera de laboratorios privados, que dejaron de atender por falta de implementos. Las muestras deben ser trasladadas a Quito, la capital del Ecuador, ubicada a más de 400 kilómetros por tierra, es decir entre siete u ocho horas de camino. Cuando llegan los resultados, es muy probable que el paciente haya perdido la batalla contra el virus, en el peor de los casos. Al principio, la ex ministra de Salud Catalina Andramuño anunció a inicios de marzo la llegada de 2 millones de pruebas, noticia que fue desmentida por su sucesor, Juan Carlos Zevallos. Actualmente, no existen suficientes reactivos ni siquiera para quien puede pagarlos.

Además, el toque de queda implantado por el régimen del presidente Lenín Moreno ha sido modificado tres veces en lo referente al permiso de circulación vehicular, según el número de placa. El último intento por detener la pandemia dispone que nadie se movilice los fines de semana. En Guayaquil el tránsito fluye por las calles casi todos los días, lo que da la impresión de que la medida, que rige desde las 14 hasta las 5 -con excepción de los sectores de alimentos, salud y comunicaciones- se incumple a diario.

Ver más productos

Revelan los secretos de Eva Duarte

Revelan los secretos de Eva Duarte

Fernanda Raverta: Néstor nos devolvió la política

Fernanda Raverta: Néstor nos devolvió la política

Néstor Kirchner: una biografía íntima

Néstor Kirchner: una biografía íntima

Descubrí estas tendencias imperdibles

Descubrí estas tendencias imperdibles

La intimidad de Néstor Kirchner

La intimidad de Néstor Kirchner

Día de la Madre: ideas y regalos

Día de la Madre: ideas y regalos

Día de la madre: ¿buscás regalo?

Día de la madre: ¿buscás regalo?

La otra historia del peronismo

La otra historia del peronismo

Cómo hacer guita

Cómo hacer guita

Lo que todo el mundo busca

Lo que todo el mundo busca

Ver más productos