E stragos. Eso es lo que hace el coronavirus en Italia, que ya tiene más de 10.000 contagiados y al menos 631 muertos, 168 registrados ayer. El país está detenido. El norte industrial tiene frenada la producción y Roma, su capital, está vacía. La Ciudad Eterna atraviesa un período oscuro.

El bullicio de las decenas de miles de turistas que cada día copan los principales destinos turísticos, como la Plaza de San Marcos, en Venecia, y las calles romanas, entre muchos otros, está ausente, ya que el país permanece en cuarentena y las autoridades reclamaron que nadie salga de sus casas. En la capital, además, no se oyen los clásicos bocinazos y aunque el transporte público funciona con normalidad, casi nadie lo utiliza.

Frente a la crisis sanitaria y las restricciones implementadas, los comerciantes enfrentan un panorama muy complicado. Bares y restaurantes no tienen clientes y su economía se resiente cada vez más.

Samuele Marcelli es dueño de un restaurante tradicional a metros de la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, y reconoció que "apoya" las restricciones implementadas por el gobierno, como la obligación de cerrar a las 18, aunque lo perjudiquen. "Sabemos que va a ser difícil para nosotros, pero es la única forma de que se pueda hacer algo para frenar el virus. Además, confiamos en que habrá medidas para ayudar al sector del turismo", expresó.

Por su parte, los vendedores de artículos religiosos en los alrededores de la Santa Sede comentaron que "no hay turistas caminando por la ciudad". "Nosotros vivimos en el día a día y este vacío nos golpea directamente", comentó Samir, un egipcio que atiende un puesto con calendarios y rosarios con la imagen del papa Francisco.

Los únicos comercios que no dejaron de recibir clientes fueron las farmacias y los supermercados. "Alcohol y todo tipo de desinfectantes es lo que más se pide", detalló Giorgio Gioachino, dueño de una farmacia ubicada a pocas cuadras del Vaticano y cerca del río Tíber. Mientras, en la puerta de los súper romanos y de otras ciudades se formaban extensas colas, ya que solamente se podía ingresar a medida que salía la poca gente que estaba adentro. Una vez adentro, se arrasaba con todo lo que se podía, ante el temor de un pronto desabastecimiento.

Toda para ellos

Pese al miedo generalizado por el avance del coronavirus, algunos turistas se animaron a recorrer las calles romanas y las tuvieron prácticamente a su disposición. "Nos apegamos a las normas higiénicas de lavado de manos, las distancias mínimas y tratamos de caminar mucho y no tomar trenes o el metro", contó un español que estaba junto con un grupo de amigos. "Sabemos que los museos están cerrados, pero igual aprovechamos para ver los monumentos y comer afuera", agregó.

Frente a este panorama, el gobierno, con el primer ministro Giuseppe Conte a la cabeza, anunció que podría tomar "medidas más restrictivas" para evitar contagios.

En ese sentido, el presidente de la región de Lombardía, Attilio Fontana, planteó la posibilidad de un cierre total en esta región, la más afectada por el brote. "Es el momento de la firmeza", dijo y concluyó: "Todos piden lo mismo: cerrar todo ahora (salvo los servicios esenciales) para retomar lo antes posible".

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