E milce Moler es una sobreviviente de "La Noche de Los Lápices", denominado de esta forma por tratarse del secuestro perpetrado por las fuerzas de la última dictadura militar contra diez estudiantes de colegios secundarios de la ciudad de La Plata, de los cuales seis permanecen desaparecidos.

A 44 años del episodio, dialogó con "Crónica" sobre el contexto del hecho, a días de la publicación de su libro "La larga noche de los lápices", una narración que, según explicó, está "signada por el dolor de la ausencia de los chicos que ya no están y por el dolor de ver las barbaridades que se hicieron sobre una generación".

Emilce comenzó con su compromiso con la política y realidad de la época como estudiante en la escuela de Bellas Artes de La Plata, lugar en el que empezó a militar en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). En 1975, participó durante esa primavera de la marcha para pedir por el boleto estudiantil, un año que marcó como "visagra" porque "comenzaron a sentir" que estaban en peligro.

"En diciembre de 1975, un compañero, Patulo Rabe de La Plata apareció muerto y ahí nosotros sentimos que la edad no iba a ser una barrera para tener procesos represivos. Yo sentí que tenía que asumir más esa militancia. Eran momentos de comprometerse más", sostuvo Emilce. En torno a sus compañeros de militancia desaparecidos, ella los recuerda como "pibes llenos de vida, de compromisos, de alegría, de sueños" a quienes "se les dio la peor respuesta que se le puede dar a un joven".

Con tan solo 17 años, Moler fue arrebatada de la casa de sus padres un 16 de septiembre de 1976, desde donde la llevaron a los centros clandestinos, donde sufrió todo tipo de tortura. Luego, ya en enero de 1978 pasó a ser una "presa legal" en la cárcel de Villa Devoto, hasta que salió bajo "libertad vigilada" ese mismo año.

Tras ser liberada, Emilce Moler tuvo que irse con su familia a Mar del Plata, en donde comenzó a realizar el profesorado de Matemática, vigilada de cerca por los militares y con el duro desafío de volver a empezar.

"No se habla mucho de los sobrevivientes y de la reconstrucción que tuvimos que hacer en una sociedad que nos daba vuelta la cara. Al principio lloraba pensando en que nunca nadie me iba a creer, yo salí con libertad vigilada en pleno mundial de fútbol, donde los argentinos gritaban ‘somos derechos y humanos’ como consigna, y con una posición negacionista absoluta", relató Emilce.

En este sentido, remarcó la importancia de "avanzar" en su historia, asumir la "responsabilidad de ser guardiana de la memoria y de los compañeros", y destacó que "siempre hubo manos solidarias" que son las que la "salvaron".

Por último, Moler se refirió también al presente, que la tiene dando charlas para chicos de distintas escuelas, en un año en el que consideró que pese a la virtualidad "se ha profundizado las políticas de memoria y la conmemoración para el 16 de septiembre".

"Reflexionar de este pasado que les impacta a los chicos al hablar sobre la noche de los lápices. Tiene sentido hablar del pasado para resignificarlo en el presente. Que podamos fortalecer la democracia y darle a las palabras el verdadero valor que tienen", destacó Emilce.

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