F ilas de personas sin distancia prudencial en boleterías, estaciones y dársenas de colectivos, unidades con pasajeros parados y usuarios que se agolpaban para salir por el mismo molinete tras descender de las formaciones ferroviarias o de subte fueron algunas de las postales que dejó ayer el primer día de funcionamiento del nuevo esquema de transporte público dispuesto por los ministerios de Transporte de la Nación y de la ciudad de Buenos Aires ante la pandemia de coronavirus. Sobre el cierre de la jornada laboral, hubo empujones y corridas en la estación Once y las formaciones partieron desbordadas pese a las disposiciones oficiales.

Alrededor de las 18, muchos pasajeros se amontonaron en la puerta de la terminal de Once y empujaron para que el cordón policial los dejara entrar, derribaron las vallas de seguridad y llegaron hasta las formaciones que emprendieron la marcha colmadas de pasajeros agolpados, donde la mayoría se encontraba de pie.

Finalmente, se pudo controlar la situación y los otros trenes partieron de la terminal con menor cantidad de pasajeros. Pero las filas en la estación siguieron siendo larguísimas.

El martes pasado, el ministro de Transporte de la Nación, Mario Meoni, anunció medidas para disminuir la propagación del Covid-19 para quienes deben utilizar el transporte público. Entre ellas se dispuso que ni trenes ni colectivos lleven pasajeros parados y que los subtes sólo se detengan en las cabeceras o en estaciones con conexión a otras líneas.

Ayer por la mañana, en la denominada "hora pico", los usuarios en general desestimaron las principales recomendaciones de las autoridades sanitarias, entre las que se aconsejó mantener distancia de otras personas.

Por las dársenas donde paran decenas de líneas de colectivo en la estación Constitución se observaron largas filas de pasajeros sin distancia prudencial entre ellos, y lo mismo ocurrió en las colas que se formaban en las boleterías de la estación.

En las paradas de colectivos la situación era similar. Muchos se agolpaban e intentaban subir para no llegar tarde a sus trabajos. En la medida de lo posible, los choferes intentaban emprender el viaje con los pasajeros sentados. Para evitar que pasajeros viajen de pie, la línea 59, por ejemplo, dispuso dos empleados para asistir al inspector que vende los boletos en la dársena.

En la estación Federico Lacroze, de la línea B de subterráneos, pasadas las 9 se podía observar una hilera de pasajeros de más de 150 metros que esperaba para tomar el subte en dirección al centro porteño, pero las personas que hacían la fila no guardaban distancia entre sí.

Lejos de un nodo de conexión de transportes como Constitución, los colectivos urbanos circulaban con pocos pasajeros; por ejemplo, en las avenidas Federico Lacroze y Triunvirato podían observarse unidades con cinco o seis personas a bordo.

Una escena similar se observaba en las localidades bonaerenses de Ramos Mejía o Avellaneda, donde también se notó un incremento en la cantidad de autos particulares.

De todas maneras, la utilización del servicio público de pasajeros sigue en baja. En las últimas 24 horas, fueron casi 200.000 personas menos las que utilizaron este sistema en el Área Metropolitana de Buenos Aires, las cuales se suman a 1.974.775 pasajeros que dejaron de circular en esta semana. De esta manera, la reducción en la cantidad de usuarios de colectivos, trenes y subtes llega al 51,7%.