E l coronavirus tomó por sorpresa al mundo y también a los trabajadores que debieron seguir con sus tareas más allá de la cuarentena, desde el personal médico hasta los cajeros de supermercados. Muchas labores que se desempeñan día a día para brindar un servicio a los demás siguieron su curso, algunas con recursos para protegerse de la pandemia y otros sin esa posibilidad. Son personas que todos los días se arriesgan ante el coronavirus, están expuestas y, para muchos, son tan invisibles como el propio virus.

Sandra A. es sargento de la policía de Neuquén, y cumple la función de chofer en la comisaría. Desde hace 14 años que está en la fuerza y cuando empezaron a conocerse los casos del coronavirus, ella, junto con sus compañeros, entrevistaban a los que habían ingresado de países que eran de riesgo. Su función era notificarlos de que debían empezar la cuarentena, igual que a las personas con las que habían tenido contacto en ese período.

"Sabíamos que íbamos a modo de colaboración con personal sanitario. Pero el personal sanitario no se acercaba hasta los lugares a entrevistar a la gente. Nos daban un barbijo, un par de guantes e íbamos a entrevistarlos", le explicó a cronica.com.ar.

La exposición a la posible presencia de Covid-19 y la falta de recursos para protegerse correctamente no sólo atemoriza al personal policial, sino también a sus familias, que pueden ser víctimas de contagio. "Nosotros no estamos preocupados por nosotros, estamos preocupados por nuestras familias. Cada uno de nosotros está acostumbrado a arriesgar la vida en pos de otras personas, pero no estamos preparados para entender que tenemos que arriesgar también a nuestras familias", explicó.

"Hay gente que no ha colaborado, pero por suerte en mi ciudad aún no hay confirmados con Covid-19. La policía de Neuquén no da abasto para un control tan complicado. En la noche se nota la avivada juvenil de salir a la calle como si fuera una aventura. Eso se ve, y se tienen que demorar personas o secuestrar vehículos. Tampoco es algo grato de realizar", contó la sargento.

Del dengue al coronavirus

José Ignacio Martín Piedrabuena es fundador de Fumigadora Latina de Luján, en la provincia de Buenos Aires. Mientras el coronavirus avanza, ellos siguen trabajando para combatir el dengue y otras plagas, que también son una preocupación. Si bien tienen un permiso especial y se exponen, ellos entienden que están "comprometidos" con su profesión para "combatir y luchar" el dengue chikungunya.

"También nos capacitamos en estos momentos para poder aportar desde nuestro espacio a desinfectar y poder combatir el Covid-19", dijo el fundador de la fumigadora y agregó: "Nos sentimos involucrados para controlar diversas plagas y de esa manera poder contribuir para combatir el dengue y diversos virus y bacterias".

Kinesiólogos, tarea clave

La licenciada en kinesiología y fisiatría Silvia Liliana Palo (MN 10904) es jefa de servicio en dos clínicas, el Policlínico de la UOM y la Clínica de la Esperanza. En ambas coordina el sector de terapia intensiva e internación de adultos y pediatría.

"Estoy armando los equipos de recursos humanos para afrontar lo que se viene. Buscando personal, porque la realidad nuestra es que hay una necesidad de kinesiólogos intensivistas, que son los profesionales que trabajan con la diaria del paciente, con la ventilación mecánica. Hoy, los más buscados son los kinesiólogos que hacen terapia intensiva", explicó.

"En la terapia intensiva somos fundamentales y es una especialidad que no es reconocida, porque no es conocida. Trabajamos muchísimo para cuidar la vida del paciente, para que se recupere, para que no pierda su movilidad, y tenemos mucho trabajo dentro de la terapia. Cuando el paciente está intubado, pasa por otro proceso, que es cuando se lo desconecta del respirador, y tiene que volver a hablar y volver a tragar; todo ese proceso lo hacemos nosotros. Y, además, estamos también en todas las etapas posteriores para su recuperación", explicó Palo.

Debido a la situación actual, que no escapa a nadie, Palo asegura que, a modo personal, está viviendo como en un "sube y baja permanente". "Los estados de ánimo, es como que en algún momento del día flaqueo, lloro, siento como que tal vez no estoy haciendo lo suficiente. Pienso en mi familia, en mis amigos, en mis familiares mayores, que es a quienes más ataca esta enfermedad. Además, es como que el trabajo nunca termina, cuando llegás a tu casa el trabajo continúa, esto nos cambió mucho a todos", describió.

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