S i bien todos los días son dignos de celebrar el amor de una mamá, el Día de la Madre invita a explorar las historias de mujeres que desearon la maternidad y sabían que les esperaba el amor correspondido de un hijo o una hija en algún rinconcito del mundo, preparados para escribir los capítulos de una nueva historia. Madres cuyo amor trascendió la posibilidad de gestación y que cuentan cómo fue su camino de adopción, amor y lucha.

Jorgelina y Emi

Emiliano llegó a su vida después de siete años, cuando el pequeño sólo tenía 4 años y medio: "La espera fue angustiante, pero un día, cuando sucede ese encuentro mágico, todo pasa a la historia y al olvido, y gana el amor y la felicidad de poder ser esa familia que quisimos y no podíamos ser", relató Jorgelina Mena en diálogo con crónica.com.ar. Su primera experiencia juntos "fue bastante particular en relación a otras adopciones ya que estuvimos una semana para conocernos". Por cuestiones laborales, "tuvimos que venir a Mar Azul, Villa Gesell, donde vivimos hoy, y ahí empezamos nuestra vida". Hoy no pueden imaginar otro hijo que no sea Emi: "Es lo que siempre soñé, imaginé y está con nosotros creciendo. No es fácil ser madre, son muchos desafíos que se abren de un día para el otro, cuando son muchos años de espera, de repente... la familia". Pero más allá de las piedras, "se sobrelleva porque el amor es grande, de él para con nosotros y de nosotros para con él".

A las mamás que quieren ser madres pero aún no lo han logrado Jorgelina les da un consejo: "Quisiera decirles que tengan esperanzas, que todo llega, que hay que hay que luchar y ser perseverantes y tener la firme convicción del deseo de ser mamá, que de una u otra manera sucede y estamos felices de ser una familia".

Viviana y Mati

Viviana tiene 57 años y es de Benavídez, partido de Tigre. En 2001 vivía sola y centrada en su trabajo: "Soy docente y acompañaba a mi mamá, que estaba en un proceso de enfermedad", recordó a cronica.com.ar. Al proyectar su futuro, ella se vio "sola", pero "siempre quise compartir mi vida con alguien".

En ese momento no tenía pareja y tomó la decisión de inscribirse "para compartir la vida con otra persona y formar una familia". Pero en la espera, a los pocos años, conoció a Daniel, su pareja y esposo durante quince años: "Cuando nos conocimos le conté del proyecto, y con mucho gusto quiso compartirlo".

Luego de transitar y renovar durante once años las inscripciones de adopción, "nos encontramos con Matías. En ese momento, cumplía dos años. Daniel me acompañó siempre en el proyecto, porque lo hizo propio y formamos una familia durante varios años, hasta que hace tres años él falleció, así que continuamos Matí y yo formando la familia que habíamos anunciado en un principio".

El día que se enteraron de que la familia se agrandaba, "mi sonrisa cambió. Siempre me reí, celebré, compartí, pero la sonrisa que obtuve desde ese momento fue diferente. Matías es un niño bueno, un hijo excelente, un alumno y compañero valorado, querido, para mí ya estábamos predestinados a encontrarnos. Somos hasta parecidos físicamente".

"Siempre fue mi hijo, nunca tuve que adaptarme a él, llegó a nuestra casa y nunca dejó de ser nuestro hijo desde el primer momento: almorzó, durmió la siesta, la vida fue transcurriendo normalmente como cualquier otro tipo de familia conformada. El amor tiene que reinar y ser incondicional en el mundo. Nadie se va arrepentir de haber elegido compartir parte de su vida con otra persona, en este caso, con mi querido hijo".

Irene, Leo y Alejo

Son de zona Norte del Gran Buenos Aires y el nuevo capítulo de esta historia familiar se comenzó a escribir seis años atrás, con la llegada de los pequeños hermanos Leo y Alejo: "Queríamos ser padres, lo intentamos, hicimos un tratamiento, pero no dio resultado, así que tomamos la decisión de comenzar con los trámites para adoptar", recordó Irene en diálogo con cronica.com.ar

Un "arduo" camino los esperó por delante, fueron casi diez años de persistir hasta que "aparecieron ellos": "Nos llamaron del juzgado y nos dijeron ‘¿Por qué hasta 4 años?’. Ahí nos miramos con mi marido y decidimos extendernos hasta los 7". Luego de tomar esa decisión, no pasó mucho hasta que conocieron a los dos hermanitos que cambiarían el rumbo de sus vidas: Alejo, de 5, y Leo, de 9.

Se acercaron al hogar ubicado en Vicente López y desde el primer momento los niños, ahora de 15 y 11 años, los "llamaron mamá y papá": "Son lo más maravilloso que uno tiene, nunca dudamos con nuestro marido y es difícil la espera y todo el camino, pero es maravilloso. Son dos personas excepcionales y desde el primer día que vinieron a casa se quedaron. En diciembre van a ser seis años. Estamos felices los cuatro. Son la luz de nuestros ojos y nos cambiaron la vida."

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