A un año del fallecimiento de Natacha Jaitt, los peritos policiales aún no lograron desbloquear la tablet de la mediática, una pieza clave en la causa, y al día de la fecha no hay ningún detenido por el caso. Natacha falleció de "insuficiencia respiratoria por edema agudo de pulmón secundaria a falla multiorgánica" y no tenía signos de violencia. Según la autopsia, había rastros de cocaína y alcohol en sangre. Sin embargo, su hija, Antonella Olivera aseguró en diálogo con DiarioShow.com: "Yo sigo sosteniendo que fue un asesinato, a mi mamá la mataron. Pero hasta no tener pruebas no puedo salir a apuntar con el dedo a nadie".

"Recuerdo a mi mamá con su alegría, su humor. Lo que más me gustaba eran sus ganas de reírse hasta de sus propias desgracias y errores, su manera de seguir adelante, de ser fuerte, de no importarle lo que los demás dijeran de ella, de vivir a su manera", recordó la joven. Olivera, de 21 años, admitió haber caído en "un pozo depresivo" tras enterarse de la misteriosa muerte de su madre, el 23 de febrero de 2019, en el salón de fiestas Xanadú, en el barrio La Ñata del partido de Tigre. "El año pasado mi vida se puso en pausa. Abrí los ojos y ya estoy en 2020", reveló.

La vida de la joven cambió por completo con la pérdida de su madre. "Quiero continuar mi lucha y salir adelante, porque siento que quedé estancada en aquel 23 de febrero pasado, porque no avancé. Al cumplirse un año siento que todavía estoy en ese día", confesó. Para Antonella su madre "dejó un legado, sigue viva en el pensamiento de varias personas, y tanta gente que la quiere y lucha por ella". "Con el tiempo ella aprendió a defenderse", valoró la joven y reconoció que heredó de ella "el carácter y el sentido del humor". "Considero que mi mamá es una imagen fuerte para el feminismo, porque era una mujer luchadora", concluyó.