E stá ubicado a 15 kilómetros de Buenos Aires, al final de la calle Alberdi que bordea el puerto de Olivos, y a la izquierda del canal de acceso a este puerto y del ingreso al Yacht Club, lo cual siempre lo dejó bajo la mirada de operadores inmobiliarios con intereses comerciales que en más de una oportunidad intentaron despojarlos de este espacio. Sin embargo, en cada ocasión sus socios, comisiones y amigos se unieron para defenderlo. En esa institución se respira una gran tradición familiar traspasada de padres a hijos y de abuelos a nietos que la hacen sólida y cálida a la vez, sensación que se vive cuando se pasa el portón y te reciben como a un amigo. Allí estuvimos probando la pesca desde temprano para entregarles los frutos de este relevamiento, cumpliendo antes con todos los requisitos necesarios para ingresar, tapabocas permanente, una caña por pescador, limpieza de manos y la firma de una planilla con nuestros datos. Tuvimos dos jornadas en condiciones totalmente distintas y de hecho con especies diferentes debido a estas circunstancias, mostrándonos que es un pesquero con rebusques, a los cuales logramos acceder después de observar con detenimiento a los parroquianos y de charlar con un referente histórico de este lugar, el Profe José Di Carlo, quien compartió con nosotros algunos "detalles" a tener en cuenta. El primer día fue de sol, calor y un río extremadamente bajo, y para tirar nuestras líneas tuvimos que llegar hasta el centro del muelle. Ahí el Profe nos dijo que habitualmente las carpas se acercaban a comer, los espacios son cebados con maíz, por lo tanto están ahí de forma constante, raspando las piedras en busca de pequeños caracoles o rebuscando en el fondo de arena, o sea que no era necesario hacer largos lances buscando profundidad, con apenas un plomo de 20 gramos terminado en un anzuelo ya estábamos en condiciones de dar con una buena pieza, por ende el único secreto estaba en bajar la línea y que quede apoyada en el fondo, eso sí, sin descuidar la caña un segundo. Lo de no descuidar la caña era "literal": el primer pique que perdimos fue una violenta corrida que sólo dejo ver el lomo de un gigante antes de doblar el anzuelo. Después de los insultos y blasfemias volvimos a apoyar la línea a un metro del mismo lugar. Según nos contaba el Profe, las carpas tienen como acto reflejo salir disparadas a los palos y piedras que están debajo del muelle logrando cortar nailon o multifilamento por igual. Además corren con la ventaja de que es necesario usar anzuelos chicos con apenas uno o dos granos de maíz para poder clavarlos. Nuevamente se dio otra enérgica llevada que en segundos y después de unos fuertes revolcones nos dejó otra vez desahuciados y con la línea esta vez mellada por la fricción y sin anzuelo. Lo que parecía una apacible pesca de fondo se transformó en una búsqueda tensa por lograr clavar a estos mañeros peces que nos estaban dejando con las ganas de tenerlos unos segundos en la mano. Mientras tanto algunos de nuestros vecinos lograban esporádicas capturas, con las mismas dificultades que nosotros pero siempre de esta especie. Los habituales bagres, patíes, porteños y bogas parecían no participar ese día. Sin embargo un aficionado nos mostró una técnica para lograr pequeñas boguitas, la cual nos explicó es una subespecie de boca más reducida y que no llega en su adultez en los tamaños habituales. El aparejo estaba hecho con una boya tipo paternóster mediana terminada en dos sutiles anzuelos en tándem encarnados con salame; así lograba unos entretenidos piques en un metro y medio de agua. Por supuesto tomamos nota y dos días después volvimos con esta línea, la cual no funcionó de la misma forma debido a que el río nos recibió de otra manera. Mientras tanto el dorado estaba, y claramente buscaba alimentarse, y la única forma de obtenerlo fue con boyas, encarnando con filet de boga, y no muy lejos del muelle, así se pudieron clavar algunos pocos izándolos al muelle para darnos el gusto de sacarle algunas fotos antes de devolverlos al agua. Con esto dimos por cerrada la visita a este espacio que parece simple pero que en realidad está lleno de secretos, por lo menos para nosotros. Como corolario nos queda la grata experiencia de encontrarnos nuevamente con amigos en un contexto totalmente distinto y que de a poco va recuperando su rutina habitual. Agradecemos a Lito Monezuelas, su presidente, la invitación. Si querés asociarte o conocer esta institución, ingresá a www.clubdepescaolivos.com.ar.

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