En el microcentro porteño los kioscos la pasaron muy mal durante los meses más duros del aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado por el presidente Alberto Fernández cuando la pandemia del coronavirus comenzó a hacer estragos en la Argentina.

El cierre de fronteras que prohibió la circulación de turistas tanto nacionales como internacionales, los teatros cerrados, los restaurantes con las persianas bajas y la ausencia de los oficinistas que se vieron obligados a trabajar desde casa, transformaron en un desierto a un barrio acostumbrado al movimiento. Y eso repercutió como nunca en los kioscos de la zona que debieron afrontar como pudieron la caída en sus ventas.

Según lo que le dijeron a Crónica representantes del sector, "siempre que había actividad cerca, alguien pasaba para comprar un caramelo, para cargar la SUBE, para llevarse cigarrillos o golosinas, como lo es un chocolate o un chupetín para sus niños luego del trabajo. Todo eso decayó cuando una gran cantidad de personas empezó a comprar todo en los supermercados o a realizar pedidos online sin moverse de su vivienda". Pero ahora la realidad parece haber cambiado. Al menos un poco. "En noviembre, al tener más circulación en el microcentro, los kioscos que se ubican allí han retomado la actividad económica, pero no es lo mismo que antes", reconoció Palacios, preocupado por lo acontecido.

Luego de que el gobierno habilitara el ingreso de turistas de países limítrofes y permitiera que los restaurantes de la ciudad de Buenos Aires comenzaran a funcionar con sus respectivos protocolos, los kioscos del microcentro de la Capital Federal anhelan mejorar sus ventas. Y muchos de ellos creen que todo va a mejorar cuando el transporte público deje de ser sólo para esenciales, ya que "siempre alguno que venía a ponerle crédito a su SUBE se llevaba algún chicle o algún caramelito para el regreso".

En cadena

Según la máxima autoridad de la Unión de Kioscos de la República Argentina, "cada vez que se instala un kiosco cadena, lamentablemente termina fundiendo entre cinco y diez kioscos a su alrededor. Esto es porque son mucho más grandes, son más vistos. Es difícil de competir con los precios y la rentabilidad. En muchos casos, los productos que venden los valores que manejan son muchos más altos que los kioscos de barrios tradicionales, pero manejan un marketing muy diferente y eso les genera mayores ventas", apuntó.

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