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Uno de los crímenes más bárbaros de nuestra historia fue el del 11 de abril de 1870, en el Palacio San José, donde habitaba con su familia el gobernador entrerriano Justo José de Urquiza, ex presidente constitucional de la Confederación Argentina. Fue en el anochecer de un lunes, cuando el caudillo mateaba con su gente en la galería del palacio.

"¡Abajo el tirano Urquiza! ¡Viva el general López Jordán!", se oyó de pronto. El cordobés Simón Luengo, coronel del partido federal, surgió del patio trasero con 20 hombres armados. En situación nunca esclarecida, Urquiza habría reaccionado hiriendo a un atacante con fusil, siendo ultimado enseguida de un balazo en la boca.Ya cadáver, lo apuñalaron.

La mansión fue saqueada, y el propio Luengo debió proteger a la mujer e hijas del caudillo para que no las violaran. También al anochecer de aquel día, dos hijos reconocidos de Urquiza, Justo y Waldino, fueron asesinados en una residencia de Concordia. El único procesado por el alevoso magnicidio fue un joven ruralista de Gualeguaychú, José Mosquera, quien declaró haber pactado con el caudillo militar entrerriano, Ricardo López Jordán, solamente la captura de Urquiza.

La sangre no estaba en el plan de los sublevados, según aquella versión. Tampoco se sabría quién apuñaló el cadáver del gobernador. A contramano de quienes atribuyeron la masacre a López Jordán, otros investigadores apuntaron al entonces presidente Domingo Sarmiento.

Esgrimen una carta a Bartolomé Mitre de 1861, después de la batalla de Pavón. "Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste", sentencia el sanjuanino. Según este enfoque, la eliminación de Urquiza y de López Jordán, su rival en la provincia, habría inspirado a Sarmiento para sostener la acusación contra el segundo, al que temía por su perfil de sucesor de Urquiza.

En junio de 1889, López Jordán sería ultimado en la calle por un joven, presuntamente convencido de que era el asesino de su padre. Si la historia la escriben los que ganan, los perdedores de aquellos tiempos eligieron pensar que López Jordán, federal a quien Urquiza nunca había domesticado, terminó pagando con su vida la decisión de no sumar su tropa a la carnicería de la guerra contra el Paraguay de Francisco Solano López.

"Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca, general, ese pueblo es nuestro amigo", le había advertido López Jordán a Urquiza, quien tuvo 102 hijos.