Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

Una orden de desalojo pone en peligro la contención que reciben más de un centenar de niños de bajos recursos en un club social de la localidad bonaerense de General Pacheco. El mismo tiene más de diez años de vida, cuando un grupo de vecinos y padres puso en marcha la entidad sobre un terreno abandonado, cedido por su supuesto dueño.

Sin embargo, en las últimas horas, los miembros de la institución recibieron una notificación, que exige que el lugar debe ser abandonado, dejando sin merienda, cena y actividades deportivas a los pequeños que allí encontraron su segundo hogar.

El club Mosafi nació en 2006, reemplazando a su antecesor Motsa, en un terreno baldío, situado en el barrio Las Tunas, de General Pacheco, una zona con muchas carencias, que afectan principalmente a los más chicos, según detallaron los impulsores de la entidad.

A partir de entonces, en el predio se pusieron en marcha el fútbol infantil, patín y kickboxing, además de un merendero que asiste a 120 niños. Al respecto, Jésica Valdez, integrante de la actual comisión directiva, describió que “ellos vienen a tomar la leche y muchos regresan a la noche para comer un sándwich porque en su casa no tienen con qué alimentarse”.

El espacio social se asienta en un lugar que en aquellos inicios fue cedido en donación por su supuesto dueño, pero desde 2012 se encuentra en litigio judicial por una demanda de un apoderado del propietario. Sin embargo, en ese momento “estaba a cargo una mujer que renunció a la presidencia el año pasado, por motivos personales, y entonces asumimos un grupo de padres. Nos encontramos con muchas irregularidades, entre ellas una citación del juzgado de hace cinco años, que tenía sentencia al no presentarse nadie del club”, relató Jésica a “Crónica”.

Por lo tanto, el lunes pasado llegó al establecimiento una notificación con una orden de desalojo en un plazo de 72 horas, que aún no se efectuó. Al respecto, Valdez reconoció que “estamos más afuera que adentro porque nadie nos ayuda. Contratamos dos abogados que no hicieron nada, estamos a la deriva y no sabemos cómo frenar esto porque van a dejar a los chicos del barrio en la calle”.

A su vez, la joven remarcó que “el juez dictaminó que a este apoderado le corresponde una parcela de 18x70 metros, cuando el predio es de 70x70 metros. Pero esta persona viene por todo, vemos cosas muy raras”. Ante semejante situación extrema, Jésica reveló que “los nenes están muy tristes, como también lo estamos los padres. Pero no bajamos los brazos, porque este lugar es de ellos, y lo que hacemos es turnarnos en el club para evitar el desalojo”.