Por Alicia Barrios 
abarrios@cronica.com.ar 
Enviada especial al Vaticano 

Monseñor Oscar Ojea es el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y está en Roma junto a otros obispos cumpliendo con la visita "ad Limina" que no se realizaba desde hace diez años. Ojea es "un pastor con olor a oveja", como dice Francisco. "Crónica" habló a solas con él en el Domus Romana Sacerdotalis, adonde se alojan los participantes de este encuentro.

"Al cardenal Bergoglio lo vi por última vez en febrero del 2013, para hacerle una consulta. Él se estaba preparado para retirarse, decidiendo entre San Cayetano y San Pantaleón. Ni me imaginaba que sería Papa"

-¿Y qué sintió después del cónclave?

-No lo podía creer. A tal punto que esa noche soñé que un cardenal, vestido de rojo, hacía un gesto de no con la cabeza y me decía que estaba equivocado, porque Bergoglio era el Papa. Al día siguiente, en cuanto me desperté, le mandé un mail contándole el sueño. Él me contestó con una carta preciosa: "A mí también me llamó la atención cuando los votos empezaron a subir. Me invadió una paz diferente. Gracias a esa paz sobrevivo, me sostiene, estoy blindado por ella". Por mi parte todo lo que soñé para la Iglesia está pasando ahora.

-En la Argentina, desde que Bergoglio es Papa, ¿creció la comunidad católica?

-Creció más en la frontera. Aquellos eran bautizados pero que estaban alejados, no se sumaban, los agnósticos, recuperaron la fe a través de él. Volvieron a creer. Francisco es más querido fuera de la Iglesia Católica que dentro. En la comunidad judía e islámica le tienen una admiración sin límites. En el mundo lo siguen millones por la necesidad del liderazgo espiritual. Él tomó las riendas de los valores, los pobres, el cuidado del planeta, la humanización. Los argentinos no le permiten ser Papa. Para ellos él tiene que estar en todo, hasta en el fútbol, y no es así. Es una maravilla cómo lo siguen en otras partes porque es el Papa que necesitan. Hay orfandad, sed de Dios. Su presencia es extraordinaria. Los argentinos no tenemos la menor idea.

-¿Cómo empezó su vida de obispo?

-Él me ordenó el 2 de septiembre de 2006. Me pidió que me encargara de la Vicaría Centro que va de Caballito al río y de Barracas a Barrio Norte. A Bergoglio le interesaba la presencia de la gente en las plazas. Lo tomé a pecho. Empezamos por Constitución con gente de la villa 21, Barracas, Santa Elisa, distintos públicos. Hacíamos bendiciones. Y así fuimos recorriendo.

- En la actualidad la Iglesia está en un contexto difícil.

-Así es. A la Iglesia se la acusa de patriarcal. La discusión del aborto, que tanto daño nos hizo a los argentinos. Con esto, sólo estoy enumerando algunas cosas. No es fácil. Al mismo tiempo tenemos un Santo Padre que dirige su mirada al pueblo de Dios y ellos se sientes mirados. Es la comprensión que necesitan los otros para sentirse incluidos.

-Dudo acerca de si se puede ser liberal y católico, porque ellos privilegian sus intereses económicos por encima del espíritu.

-El Papa no es anticapitalista. Está en contra del capitalismo salvaje. Pone de relieve la doctrina social de la Iglesia. Él plantea la aspiración del cristianismo: tierra, techo y trabajo. Es un desafío para los economistas. No pueden dejar de priorizar estos puntos. Uno ve la Europa del primer mundo, como España. No se puede creer que pongan cercos con cuchillos en el Mediterráneo para que las víctimas que llegan tengan que cortarse y pasar por el filo de una navaja de afeitar.

-En nuestro país se está hablando de la convocatoria al diálogo del gobierno.

-La convocatoria es muy importante. Necesaria. Nadie puede gobernar sin diálogo. Estamos tan mal que no nos ha salido ningún proyecto comunitario. No sólo no tenemos comida sino que nos vamos a comer entre nosotros mismos. En ese sentido es bueno convocar al diálogo. Es una instancia para consensuar. Hay que empezar por la escucha.

-¿Qué necesita la Iglesia?

-El bien común. Que todas las personas de Argentina vivan con dignidad. Tengan lo que es justo para la vida y su subsistencia. Nosotros hemos perdido la mística de la Patria. Y el que se queda sin Patria se queda huérfano. La vida no tiene sentido. La Patria es la madre. Una vez él se refirió a la muerte de la Patria en una homilía citando un poema de Jorge Dragone: "Se nos murió la Patria, hace ya tiempo, en la pequeña aldea. Era una Patria casi adolescente. Era una niña apenas. La velamos muy pocos: un grupito de chicos de la escuela. Para la mayoría de la gente era un día cualquiera (...) Estábamos tristes. Esa Patria era la Patria nuestra. Es muy triste ser huérfanos de Patria. Luego nos dimos cuenta". Francisco nos puede ayudar a recuperarla, hay que atenderlo cuando usa la palabra. Francisco celebra la Patria.

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