Por Valeria Carreras
@dravaleria

Aquel 25 de octubre de 2017 embarcaron los tripulantes del ARA San Juan sin saber que nunca más volverían.

Fernando llevaba la foto de su hijo de meses y se desvelaba para llegar al cumple del primer añito. Esteban repasaba para poder hacer el curso de inglés en 2018. Renzo debía aplacar sus ansias porque pronto llegaría su casamiento. Cayetano estaba decidido a pasar las fiestas en su tierra natal.

Jorge calculaba cuánto crecería su bebito en 26 días de navegación. Jorge dibujaba como acomodar los muebles en la vivienda que escrituraria al regreso. Hugo ordenaba los horarios para llegar lo antes posible a sus pagos. Jorge tenía que volver y soplar fuerte las tres velitas de su hija. Víctor volvía para escriturar, el sueño de la casa propia.

Franco tenía que darle forma a las mejoras que noche a noche pensó con su mujer. Marcelo lleno de ilusiones solo quería volver a casa. Mario quería sentir la beba por nacer. Alberto quería llegar a abrazar a sus chancletas, las nenas. Celso ya había planificado el asado en familia. Quique prometió quejarse a su superior por embarcarlo en un submarino sin ser submarinista, mientras apretaba fuerte la foto de su amor y su princesita.

Las historias se repiten aunque pinceladas con otros nombres pero con un común denominador: todos querían vivir, todos eran amados, todos tenían quien los esperaba y todos tenían planes.

Han pasado tres años de esa última vez que vieron a los suyos, hoy son sus familias quienes cargan con el peso de la muerte, la incertidumbre, la injusticia y los sueños rotos. La vida siguió haciendo lo suyo, y este año se supo que el gobierno anterior había espiado ilegalmente a un puñado de mujeres del ARA San Juan.

Tal vez por verlas determinadas y firmes ante la causa penal, a pesar de las angustias económicas, no aflojaron y siguieron su lucha por querer saber la verdad y condenar a los responsables.

Tiempo que sirvió para desnudar ante la sociedad la cobardía con la que se manejó la Armada con sus hombres y con las familias de sus camaradas. Tiempo que sirvió para mostrar a un ex presidente que prefería jugar al golf y no ocuparse de la tragedia, un Estado que estuvo del lado de los responsables de enviarlos a la muerte y en contra de las familias que quedaron esperando.

Nos queda mucho por aprender, mucho para saber y mucho para corregir. Porque, si hacemos de cuenta que nada pasó, nos volverá a ocurrir. ARA San Juan, no olvidar. ARA San Juan, 44 víctimas. ARA San Juan, verdad y justicia.

Por V.C.

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