Por Francisco Nutti 
@frannutti 

En la ciudad de Buenos Aires existen 53 calesitas que desde el 20 de marzo, con el comienzo del aislamiento, quedaron inactivas. Si bien algunos de sus titulares pudieron acceder al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y a los créditos a tasa cero que otorga el gobierno, el panorama no es para nada alentador.

"No le echamos la culpa a nadie porque no queremos politizar una pandemia", señaló a Crónica Carlos Pometti, secretario general de la Asociación Argentina de Calesiteros y Afines porteños, aunque advirtió: "Lo que necesitamos es volver a trabajar porque de nuestra actividad dependen un montón de familias".

Las calesitas son para la mayoría de ellos la única fuente de ingresos económicos. En la actualidad no sólo no generan ganancias sino que, además, como muchos comerciantes, deben afrontar gastos que no son capaces de solventar. "Hay servicios que al día de hoy no he podido pagar", aseguró el representante de la entidad.

En tanto, reconoció que "es una situación compleja. Dejamos de trabajar cuando se iniciaron los contagios, una semana antes de que se decretara la cuarentena obligatoria porque ya no venía gente; sin embargo, vemos que muchos rubros han retomado sus compromisos y nosotros seguimos parados".

Por otro lado, destacó que, si pudieran regresar, lo harían "con los protocolos necesarios para cuidar la salud de los clientes". Para Pometti, "no se trata de un tema político. Porque tampoco quiero abrir si sé que un montón de pibes se van a infectar. Respeto a las autoridades, aunque la estemos pasando mal y entre compañeros tengamos que hacer vaquitas para ayudarnos a subsistir. Si algún día me toca cerrar de forma definitiva, prefiero que sea porque me fue mal a mí y no por la expansión de un virus", continuó el representante de la asociación, que viene de una familia de calesiteros y aún conserva la suya en Villa del Parque.

El día a día se vuelve cada vez más complicado. "Por el momento una parte de los colegas recibieron el IFE pero la mayoría son jubilados y no se los dan. Otros pidieron los créditos a tasa cero, aunque lo que necesitamos nosotros es volver a laburar", detalló. Asimismo, en alusión a la reinvención de muchos rubros que se volcaron al formato online, expresó: "No podemos entregar una sortija virtual. No podemos incentivar la creatividad de los niños desde nuestras casas. Venir a la calesita es algo único y para disfrutar en familia".

"Cuando cerramos, la vuelta salía $30. Antes, eso era lo que salía un café. Después empezamos a seguir lo que costaba un boleto de colectivo, pero ellos estaban subsidiados", aclaró. Por último, les dejó un mensaje esperanzador a sus compañeros: "Les quiero decir a mis colegas que los aprecio. Que vamos a salir adelante y que hay que tener mucha fuerza. Nunca pasamos por un momento tan complicado, pero estoy seguro de que lo vamos a superar".

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