En tiempos de pandemia han cambiado muchas costumbres en la sociedad. Una de ellas es pedir productos a través de aplicaciones, desde un atado de cigarrillos hasta una pizza, pasando por una compra en un supermercado o trasladar un paquete de un lugar a otro.

Actualmente, en la noche porteña y bonaerense, abundan las motos y bicicletas circulando con mochilas de distintas empresas y colores. Durante el resto del día también, pero en la noche -ante el menor movimiento- impactan de manera más evidente. También muchos automovilistas han encontrado por esta vía una fuente de ingresos.

En un principio, muchos inmigrantes venezolanos y colombianos recién llegados a Buenos Aires recurrían a ellas para sobrevivir. Pero a partir de la pandemia se sumó un buen número de argentinos.

La falta de trabajo por la cuarentena hizo que miles de solicitudes pidiendo trabajo llegasen a estas empresas. Tanto es así que en junio varias de ellas decidieron no sumar personal, porque tenían más repartidores de lo que la demanda requería.

A raíz de eso, también comenzaron a exigir mayor rapidez, ofreciendo menor paga. Un cóctel lamentable. Por ejemplo, la empresa Rappi, una de las que más creció en los últimos tiempos, puede hacer ir a sus repartidores de Caballito a Ramos Mejía o de Devoto a San Telmo sólo para retirar un pedido, sin recibir ni un peso el trabajador por dicho trayecto, ya que paga por el camino del lugar donde se retira el producto hasta la dirección del usuario.

Con lo cual, en pantalla pueden figurar $50 de comisión (también puede ser más, pero difícilmente supere los $100) por ir a retirar una compra de un supermercado de Ramos Mejía estando el repartidor en Caballito. ¿Puede negarse el repartidor a hacer el recorrido? Sí, pero después le espera una sanción. Y tras varias negativas, queda inhabilitado eternamente. Hay más aún al respecto: si aceptó el viaje pero está tardando en llegar por la distancia y el tráfico que todos sabemos que tiene el AMBA, puede llegar el mensaje de Soporte: “Si en 3 minutos no estás en la Tienda te sacamos la orden”.

Con lo cual el trabajador, que arrancó en Caballito para llegar a Ramos Mejía por unos pocos pesos, cuando está por Liniers o Ciudadela se puede quedar sin nada, y con una penalización a cuestas. Las consecuencias de todo esto las vemos a diario: cada vez son menos los ciclistas y motoqueros que respetan los semáforos o las manos y contramanos; y cada vez son más los que manejan mirando el celular para ver qué camino pueden tomar para hacer más rápido. Una verdadera locura.

Con un cuidadoso formato legal para no exponerse a juicios futuros, estas empresas han dado mucho trabajo. Pero las maneras no son para nada saludables. Para el usuario es un servicio tentador y necesario, pero que detrás tiene detalles que pocos conocen.

Poner plata para trabajar

De arranque el repartidor tiene que comprar los accesorios que le exige la empresa, pagándolos de su bolsillo. Porque, como en la misma aplicación lo dice, según el tipo de mochila que tenga (hay de diferentes tamaños y precios) será la cantidad de pedidos que reciba. La erogación de plata no termina ahí. Es habitual que el trabajador tenga que realizar compras en negocios que no tienen convenio con las empresas.

En esos casos deben poner el dinero de su bolsillo, sacar foto del tícket y esperar la aprobación del cliente. Luego la plata se le reintegra una vez finalizada la entrega. Pero si los precios no coinciden con los pactados anteriormente entre la empresa y el cliente, la salida más pragmática para el repartidor es poner la diferencia de su bolsillo, porque de otro modo el trámite para cancelar la compra es engorroso y también acarrea una sanción.

De más está decir que jamás recuperará ese dinero que puso por la diferencia. También es muy común que a los repartidores les aparezcan deudas en las que no tienen nada que ver. Esto pasa por problemas en el sistema o porque para una misma orden son designados dos o tres repartidores.

Finalmente, si esa orden es pagada en efectivo, la plata la cobrará el que llevó el pedido, pero se les debitará de la cuenta a todos los que fueron designados. Después deben “renegar” para demostrar que esa plata nunca fue recibida, y mientras tanto quedan bloqueados para recibir otros pedidos, ya que no se puede estar en “rojo” por una cifra superior a $1.500.

Más de uno no encuentra la forma de demostrar (ver “Todo Virtual”) ese error en la aplicación y termina pagando de su bolsillo la cifra necesaria para ser desbloqueado y seguir trabajando. Para culminar con esta serie de reglas poco leales, cuando la empresa decide no contar más con los servicios del repartidor, la plata que en ese momento el trabajador tenía a su favor difícilmente le sea depositada.

No hace falta aclarar que si el trabajador tiene un accidente con su bicicleta, moto o auto, la empresa no se hace cargo absolutamente de nada.

Todo virtual

Desde que la persona se inscribe hasta que deja de trabajar, todo vínculo entre empleador y empleado es virtual. Salvo excepciones, todas estas aplicaciones se manejan igual. Una capacitación virtual básica para empezar y a la calle. Otrora tenían alguna que otra oficina, pero desde que empezó la cuarentena no las abrieron ni un día.

Por ende, no hay forma de hablar con alguien para explicar verbalmente alguna situación. La única comunicación es cuando algún agente de “Soporte” llama para preguntar “¿cuánto te falta para llegar a la tienda (así llaman a los negocios)?”; pero sólo se podrá responder a esa consulta. Y del otro lado la frase siempre es la misma: “Agilizá, tratá de llegar lo más pronto posible”.

Si la respuesta del repartidor fuera que tuvo un problema, por más grave que este sea, del otro lado se escuchará: “¿Vas a poder igual cumplir con la orden?”. Si uno vuelve a marcar a ese mismo teléfono por cualquier inquietud, están bloqueados para recibir llamados. Así se generan situaciones de todo tipo en las que el trabajador debe encontrar en la aplicación la opción que necesita para su problema.

Dicho así parece sencillo, pero no lo es, además de que surgen inconvenientes que ni siquiera están previstos “virtualmente”.

El cliente, tambien preso del sistema

Todo el funcionamiento de estos servicios está previsto sobre supuestos de perfección que, lógicamente, pueden no cumplirse por factores de los cuales la empresa siempre se desmarca para quedar indemne. Puede ocurrir que el cliente haga por la plataforma un pedido a un local determinado y ver que en el seguimiento del envío, los minutos pasen y el producto siga en la “tienda”, hasta que desde el local mismo llaman al cliente (del cual disponen los datos por la base de datos de la app de la firma) y le avisan que el repartidor designado no ha venido a buscarlo.

Sí, el mismo local, nadie de la aplicación se toma el trabajo de excusarse del hecho. Y el cliente, que en el caso de pedir en efectivo no ha perdido dinero, queda trabado en el sistema, porque la empresa sigue “estirando el pedido” por un espacio de dos horas y el cliente no tiene la opción de anularlo. Entonces una persona se queda sin recibir lo suyo y tampoco puede plantear la opción de solicitar a otro lugar, ya que no puede superponerse al pedido en curso.

Hasta que, dos horas luego de agregar “tiempo de descuento” a la solicitud, mandan un escueto “pedido cancelado por problemas técnicos”, cuando, por ejemplo, ya es demasiado tarde para encontrar otro local. Por lo que, si en casa no había plan B, a la cama sin cenar.

Más explotados

En el momento en que el repartidor queda en “rojo” por haber cobrado un par de pedidos seguidos en efectivo o uno de cifra alta, automáticamente es bloqueado para seguir trabajando. Esta situación es muy habitual a la noche, donde la demanda es mayor, con lo cual tienen que rápidamente buscar un “SOCIO 46”, como llaman a personas que desde su casa esperan repartidores a cualquier hora para cobrarles y girarle la plata a la empresa. Ese “SOCIO 46” se expone a cualquier situación para apenas cobrar el 1% de la cifra que le pague el repartidor para ser desbloqueado. Es decir, si le paga 2.000 pesos, apenas gana 20; por lo cual le cobran al repartidor 10 o 20 pesos extras para sumar algo más a esta “bizarra” función dentro de este sistema puntillosamente armado para que muchos ganen muy poquito; y alguien gane mucho.

Amontonados y muy expuestos

Hay lugares en los que los repartidores suelen hacer base para esperar pedidos. Estos locales gastronómicos, por lo general, son los que más demanda tienen en horario pico. Como consecuencia de esto, se suelen formar colas interminables para retirar pedidos.

A veces de manera ordenada y otras no tanto. Por ejemplo, en una conocida heladería de moda que está en la avenida Pedro Goyena (Caballito), más de una vez los vecinos hicieron denuncias y la policía se tuvo que acercar al lugar para hablar tanto con la gente del local como con los repartidores.

Si bien no suelen pasar cosas graves y en líneas generales los trabajadores son muy educados, es común que no se respete la distancia social y que las entradas a los edificios queden obstruidas por repartidores, bicicletas o motos. Todo este panorama se hace aún mas complicado si justo se larga a llover.

De acuerdo con una encuesta sobre el uso de aplicaciones de delivery durante la cuarentena, el 79 % de las personas que ordenó entrega a domicilio la última semana compró comidas preparadas.

Opinaia, compañía especializada en investigación de mercado y estudios de opinión pública, presentó el Estudio “ Delivery en Aislamiento”, una encuesta realizada entre 1.071 casos, que refleja la experiencia y los hábitos de uso de las aplicaciones de delivery durante el confinamiento.

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