Lo sucedido cobró notoriedad a partir de que publicaciones periodísticas nacionales y en redes sociales expusieron un contexto muy disímil, donde se presenta a los uniformados como represores de chicos aborígenes solo por su condición de nativos.

El hecho ocurrió a principios de semana en la población de Ingeniero Juárez, en el extremo oeste de la provincia de Formosa, límite con Salta, cabecera de una región habitada por más de 15 mil indígenas, de la etnia wichi y, en menor medida tobas.

Delicia y Benicia, víctimas del accionar de grupos de violentos. 

Allí a primeras horas de la noche, estos jóvenes, según narró Delicia Luna y asintió su madre Benicia, que fuera candidata a concejal de Cambiemos, al pretender disuadir a estos muchachos, que deduce estarían bajo los efectos de alguna sustancia, “atacaron con brutalidad sin motivo” contra un par de policías en ronda de prevención en el usurpado barrio “50 Viviendas”.

Contó que su madre –reconocida dirigente social y política- al intentar que “terminaran su accionar salvaje y defender a los policías, fue golpeada con una cadena o palo y cascotes en sus piernas y espaldas. También me atacaron a mí y la casa, y ahora nos dijeron que no nos van a dejar en paz, nos amenazan de muerte y de quemar la vivienda”, expone con tono angustiante.

Delicia y Benicia, víctimas del accionar de grupos de violentos. 

A modo de enmendar lo que se exterioriza sobre lo sucedido, razona: “vaya saber dónde hubiera llegado todo si no hubieran aparecido más policías a rescatar a mi mamá. Imagínese que una docena de estos fueron heridos, sus escudos y cascos rotos por la lluvia de grandes cascotes y palos”.

Reclamó que “se diga la verdad, nadie nos llamó de otro lugar para que contemos lo que pasó, pero se dicen las cosas cambiadas con otros intereses. Se culpa a los policías, al gobierno y otras falsedades, pero la verdad es que ya hicieron lo mismo varias veces antes”.

Delicia y Benicia, víctimas de la represión. 

Se mostró contrariada porque el juez jurisdiccional se constituyó en el domicilio del padre de quien es sindicado como el cabecilla de los hechos violentos, y “no se preocupó por mi mamá para que contara lo que realmente pasó, y la forma en que agredieron con brutalidad a nosotros y los policías”.
 

Violencia extrema

Desde el sector privado de la localidad de Ingeniero Juárez se rechazó que de “algunos sectores, sobre todo de la prensa nacional, se instale como victimas a un grupo de aborígenes violentos que no hacen más que generar miedo en toda la comunidad actuando vandálicamente con una violencia extrema”. Quien así lo afirma es Roque García, propietario de un local bailable del lugar: “acabamos de padecer el nuevo ataque de jóvenes aborígenes, y principalmente lo sufrieron policías y algunas familias aborígenes incluso. Lo padecí yo mismo como otras veces donde fui amenazado, atacaron mi boliche y me robaron”.

Reprueba que “medios nacionales y las redes sociales adulteren todo lo ocurrido: Se victimiza a los violentos y se instala como pecaminosos a policías comprometidos con la paz social”.

 “Con pedazos de escombros atacaron a la policía y a mi local y eso que estos muchachos me conocen”, relató, advirtiendo que “realmente era impresionante el grado de violencia con el que agredían”. 

Afirmó García que “no es la primera vez que asolan a la comunidad, hay muchas denuncias de ataques a casas, autos y motos que arruinaron”, recordando que “tiempo atrás me saquearon el local, violentaron el boliche y me robaron”.

Varias veces me amenazaron que si nos les pagaba me iban a quemar la casa, generan miedo permanentemente y encima tenemos a algunos medios de prensa que los defienden y ponen como víctimas, cuando los atormentados somos nosotros los de esta comunidad, entre ellos los mismos aborígenes que en su gran mayoría quieren vivir en paz”.

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