Por Matías Resano 
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"No hay respeto por los espacios verdes en Avellaneda", reflejó con desolación una vecina del mencionado distrito, en referencia a las obras que están arrasando con el Parque Domínico, violando la ordenanza provincial que lo declaró como un espacio recreativo. Una amenaza que, a dos años de la primera tala indiscriminada de árboles, se ha convertido en una cruel realidad para quienes frecuentan el parque, puesto que sólo pueden disfrutar de casi la mitad de sus dimensiones ante la avanzada de las construcciones dispuestas por las autoridades municipales. En consecuencia, los habitantes de Avellaneda están en serio riesgo de perder el único espacio verde en todo el municipio.

A dos años de aquella jornada del 20 de julio, en la cual sesenta árboles eran derribados en forma sorprendente para los vecinos, los residentes de las inmediaciones de la zona, que han impulsado la causa "Defendamos al Parque Domínico", siguen sin recibir respuestas de las autoridades municipales.

En principio, aguardan la reposición de los 150 ejemplares, tal como habían prometido desde la intendencia ante los primeros reclamos de los ambientalistas. Sin embargo, la lucha incansable de los vecinos en defensa del espacio público logró al menos detener la apertura de la calle Zeballos dentro del parque, y las construcciones de un edificio judicial y de una sede de la Policía Local.

No obstante, sí se llevó a cabo la ampliación de un instituto de formación educativa y de un complejo deportivo de alto rendimiento, así como una pileta olímpica. Establecimientos a los que no tiene acceso el vecino. Por si fuera poco, Mercedes Aispuru, integrante del movimiento que intenta proteger el parque, reveló a Crónica que "estamos cada vez peor. Hemos mandado notas al municipio y son todas promesas".

Un preocupante estado de situación que se agrava aún más dado que, como dice Silvia Mazeris, representante de Ambiente Sur, "es el único espacio verde que tenemos en Avellaneda, ya que no tenemos ningún otro en todo el distrito. Eso se debe, principalmente, a que el intendente (Jorge Ferraresi) tiene la obsesión de hacer plazas secas, hechas de cemento, que no es lo que nosotros necesitamos".

Bajo este panorama, Avellaneda está rompiendo un récord para nada positivo, sino alarmante, al contar sólo con 0,5 metros cuadrados por habitante de espacios verdes, cuando la Organización Mundial de la Salud establece un mínimo de 15 metros cuadrados. Al mismo tiempo, está incumpliendo la norma por la cual la provincia de Buenos Aires cedió el Parque Domínico al municipio en 1977 para su uso como espacio recreativo.