Impotencia, bronca y desconcierto es lo que sienten los vecinos de Avellaneda frente a una ola de problemas que afrontan y a los que nadie les brinda una solución concreta. Ocho llamados, y prometen ser más, son los que realizaron los vecinos a las autoridades municipales, quienes hasta el momento no les han brindado respuesta satisfactoria a sus requerimientos. Los mismos están vinculados a su seguridad, pero no sólo por los hechos delictivos que se suceden día a día, sin existir prevención ni soluciones, sino también por la inminente caída de un árbol de considerables dimensiones, ya en declive y que provoca explosiones al abalanzarse sobre el tendido eléctrico una y otra vez.

Un peligro que hasta el momento no desencadenó consecuencias trágicas por obra y gracia de la suerte, y no de un accionar de los responsables del distrito. Esta es la situación que viven los vecinos de Avellaneda, a quienes no les brindan soluciones a los problemas del día a día, los cuales se suman a una larga lista de dificultades que ya padecen hace tiempo.

El 9 de noviembre pasado comenzó la odisea de los habitantes de la calle Humberto I al 2300, de la localidad bonaerense de Avellaneda, cuando uno de los árboles de la cuadra se desprendió de su raíz y, por lo tanto, se inclinó hacia los cables de la red eléctrica. Fue entonces que "nos fuimos hacia la delegación municipal, que está a cien metros, para avisarles lo que pasaba y nos dijeron que iban a mandar a alguien para solucionarlo", señaló Patricia, una vecina, a Crónica.

Sin embargo, jamás se apersonó en la zona ningún representante del municipio, y como agravante de aquello, durante la noche de aquel día el tronco se desplomó sobre el tendido, provocando una explosión que afortunadamente no generó consecuencias mayores, aunque dejó a los habitantes sin suministro eléctrico por varios días.

Mientras el distrito brilló por su ausencia sin darle solución a la problemática, fue el mismo viento el que se encargó de evitar que el árbol cayera sobre los cables, aunque el declive continuó profundizándose. No obstante, las autoridades de Defensa Civil local arribaron al mencionado acceso de Avellaneda y, luego de reflejar cierta preocupación sólo de palabra, expresaron que "hubiese sido mejor que se cayera porque era más fácil levantarlo". Conclusión: sólo le pusieron una cinta que dice "peligro".

Justamente ese lazo de plástico es el que sostiene al árbol en un calle que es camino obligado de centenares de niños que asisten a un jardín maternal situado a pocos metros, y a una escuela de nivel primario y secundario. Por lo tanto, ante el inminente derrumbe y su posible desenlace trágico, Patricia agotó todas las instancias para impulsar una solución municipal, realizando ocho llamadas telefónicas, y en una de ellas, dirigida al área de atención vecinal, le respondieron "que vaya al corralón municipal y que les pida que lo saquen".

A su vez, también notificó el reclamo en la red social del distrito, pero no obtuvo respuesta a pesar de que "me dijeron que lo habían visto pero que hay cosas más urgentes".