Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

"La municipalidad, bien, gracias", suelen expresar, a modo de ironía, los vecinos de la localidad de Piñeiro, partido de Avellaneda, en referencia a la ausencia de respuestas y de acciones de las autoridades del distrito frente a una serie de problemáticas. Principalmente se vinculan con el mal estado de las calles y la escasa iluminación pública, cuyos efectos desencadenantes son los sucesivos hechos de inseguridad, como asimismo la existencia de un nido de murciélagos para acentuar aún más la desolación y resignación de los habitantes de la zona.

En la calle Mariano Ferreira al 400, en Piñeiro, municipio bonaerense de Avellaneda, tienen lugar los mayores exponentes de las carencias en materia de infraestructura y protección ciudadana. Ambos aspectos van de la mano, puesto que la escasez de controles y de orden de tránsito a camiones de carga que estacionan en cualquier lugar, e incluso sobre la senda peatonal, y que marchan a toda velocidad, provocó la ruptura del sistema de desagüe.

Al respecto, Rocío, una joven vecina del lugar, reflejó a Crónica que "cuando llueve, se inunda todo. El agua nos llega a las rodillas y no podemos salir de nuestras casas". A su vez, por si fuera poco, la superpoblación de transportes pesados en la zona, ante la cercanía de un depósito, es aprovechada por grupos de delincuentes que usan de refugios los rodados para esconderse y tomar por sorpresa a las víctimas, y, asimismo, asaltan a los propios choferes.

No obstante, los frecuentes episodios de inseguridad también se desencadenan por el no funcionamiento de la iluminación pública. En este sentido, la mujer reconoció que "es en las inmediaciones de las vías donde más se producen hechos de robo porque está todo oscuro. A la noche no se puede salir".

Por si fuera poco, como consecuencia de la oscuridad en las calles, se ha formado un nido de murciélagos, razón por la cual Rocío dejó en claro que "vas caminando por la calle y sentís que uno de estos bichos te roza la cabeza. Pero desde el municipio lo minimizan". Ante semejante estado de situación, sin alumbrado público desde hace ocho meses, caos vehicular y delitos frecuentes, los moradores del lugar viven inmersos en la desesperación y el desamparo.

Al respecto, Oscar reveló que "somos un barrio de 30 familias, por eso estamos olvidados. Ya no sabemos qué hacer para vivir decentemente, porque no tenemos a quién reclamar y esta situación ya cansa".