La mítica confitería porteña Rond Point, más conocida como "Ronpuán", cerró sus puertas y se despidió de un público conformado por empresarios, políticos, deportistas y distintas figuras del espectáculo que durante cuatro décadas lo utilizaron como lugar de encuentro.

Ubicada en la esquina de avenida Figueroa Alcorta y Tagle, el local se convirtió en un ícono clásico del barrio de Palermo, y se caracterizó por su estructura vidriada de forma curva. El establecimiento protagonizó una importante transformación en el 2004 y reabrió al año siguiente.

La dirección exacta de la confitería es en avenida Figueroa Alcorta 3009, cuya posición estratégica frente a Canal 7 incidió en su impronta como lugar de encuentro del mundo del espectáculo y siempre de la política. Además, abrió en una época cuando esta zona de clase alta contaba sólo con casas residenciales y embajadas.

En el sitio, además de la confitería, funciona el restaurante La Cave en el primer piso, y el exclusivo Audi Lounge en el segundo. Según versiones, la marca de automóviles está analizando qué va a hacer en esa esquina, ubicada a pocos metros de La Televisión Pública y al lado de la Embajada de Canadá.

Cuando reabrió sus puertas en 2005, la confitería quedó en la planta baja, el restaurante La Cave en el primer piso y, en el segundo, el exclusivo Audi Lounge, destinado únicamente para los dueños de automóviles de esa marca. Este nuevo emprendimiento siguió apuntando al público ABC 1, y el local siempre conservó su fachada original, vidriada y recondeada, la cual lo caracterizó desde entonces.

En aquel momento, la zona de Palermo Chico, y sobre todo la del entorno a la confitería, sufrió numerosos cambios. Se construyó el shopping Paseo Alcorta, el MALBA y el Museo Renault. La confitería fue, durante muchos años, el lugar elegido por empresarios, políticos -el llamado círculo rojo-, deportistas y la farándula local para cerrar negocios, acuerdos o contratos, o simplemente mostrarse.

Entre los habitués de "Ronpuán" se destacaban celebridades como Gerardo Sofovich, quien solía reunirse con colegas a diario. En los tiempos del menemismo, también se hizo habitual ver grupos de políticos en el interior de la confitería, con códigos similares a los de los famosos.

Con los años se confirmó una regla tácita entre los habitués: si lo que había que discutir podía tomar estado público, las charlas se hacían por la mañana temprano, en las mesas de adelante, cerca de los ventanales. Si se trataba un tema delicado, sucedía atrás, de noche.

Otra característica del lugar eran sus pesadas cortinas, las cuales contribuían a mantener su aire de secretismo, una intimidad y privacidad que los clientes siempre requerían.