Por Matías Resano

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"Quiero un techo para mis hijos, porque como madre es terrible verlos en la calle”, dijo entre lágrimas Elizabeth, una joven madre que desde hace más de una semana vive junto a sus cinco chicos y a su esposo, Franco, en plena avenida Corrientes de la ciudad de Buenos Aires. Ese fue el único lugar que encontraron luego de que los desalojaran del hotel que rentaban porque “no aceptaban esa cantidad de niños” y con la misma respuesta que se encontraron cuando fueron a buscar alojamiento en establecimientos similares.

“Hace diez días que nos sacaron de un hotel, en el que nos cobraban 700 pesos por día. En el mes pagábamos un total de 21.000 pesos”, señaló Elizabeth a “Crónica”.

“Nosotros vendíamos cosas y salíamos a pedir plata en los trenes y subtes y de esa manera llegábamos a juntar el dinero”, aclaró.

“Nos pidieron que dejáramos la habitación porque la iban a pintar, pero nunca más nos permitieron ingresar”, agregó. Así es como quedaron en la calle los cinco niños -Ronaldo, Amalia, Agustín, Luisana y Naomi-, de entre 8 años y 4 meses, con un agravante: Amalia, de 7 años, sufre una miocardiopatía congénita.

Lo cierto es que fue la cantidad de niños la razón esgrimida por otros hoteles para negarles alojamiento, aun cuando ellos dispusieran del dinero.

 “Nos cerraron la puerta en la cara, es tristísimo”, sostiene Elizabeth.

En consecuencia, luego de la frustrante recorrida por hoteles y pensiones, decidieron instalarse en la vereda de Corrientes al 1500, frente al Teatro San Martín, con el permiso de la encargada de un edificio cercano. Sin embargo, el de la mujer fue un pequeño gesto entre mucha indiferencia y discriminación.

“Les voy a pegar con un palo a tus hijos si no se van de acá”, cuenta Elizabeth entre lágrimas la amenaza que recibió de parte de una comerciante. La solidaridad, en cambio, llegó de la mano de la gente que se conmueve al verlos en situación de calle.

Es que, a pesar de las carencias con las que a diario conviven, se respira respeto y amor entre ellos. Entonces, reciben alimentos y hasta productos de primera necesidad que los ayudan a sobrellevar su vida a la intemperie. Pero lo real es que ellos, más allá de la gratitud que sienten para con quienes los ayudan, lo que necesitan es un lugar donde vivir. “Necesitamos un techo, principalmente para los nenes, para que tengan un espacio; como mamá es terrible verlos así”, concluye.

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