Por Alicia Barrios 
abarrios@cronica.com.ar 

 Francisco y el sentido común. El más común de los sentidos. En medio de la crisis que atraviesa a los jóvenes de todo el mundo, amenazados por la pandemia, creó la Universidad del Sentido, distinta a todas, porque en ese plan de trabajo se aprende a vivir. Eso que no enseña ninguna institución.

Rompió con la tradición individualista de la educación. El anuncio lo hizo el Día del Medio Ambiente, en el marco de la fundación pontificia Scholas Occurrentes que él también creó. El director José María del Corral había sido alertado de la angustia que padecían los jóvenes por los profesores italianos.

Gracias a ellos, se encendió el alerta, los chicos no respondían, tenían la cabeza en otra cosa y la idea del suicidio empezó a ganar terreno. Algunos desolados, con el alma en pena, porque se enteraban por los enfermeros que los abuelos estaban en terapia intensiva. Uno de ellos vivía con "el nono" y no podía emerger del dolor. 

De inmediato, el infatigable José María del Corral estableció contacto con ellos y así sucesivamente hasta alcanzar las 17 semanas en las que puso el cuerpo, su sabiduría para calzarse los zapatos del otro y fueron saliendo adelante. Esto se repitió en todo el mundo, 60 ciudades incluidas las de Argentina, empezaron a encontrar un refugio, hombro, oído para sus problemas.

A los jóvenes los únicos que los escuchan son los miembros de Scholas Occurrentes. El Papa. Hasta el momento de su fundación ese relato era ninguneado, ignorado. Las angustias: "No sé qué va a pasar en el futuro, no sé si voy a poder trabajar, ver a mis padres, abuelos". Una cuestión de vida o muerte, si eligen seguir viviendo o no. La idea del suicidio los encierra. Los jóvenes acumulan y no expresan. Un combo peligroso.

Como si esto fuera poco, la frutilla del postre la puso la Organización Mundial de la Salud, que los estigmatizó cuando diagnosticó: "Como a ellos no les pasa nada, van y contagian a los abuelos porque son portadores del virus". Los mataron mentalmente al llenarlos de culpa.

La militancia bergogliana de José María del Corral conectó a Francisco con los jóvenes de todo el mundo. Así este santo de Bergoglio, trasmitiendo esperanza, alegría, la impronta, el compromiso de hacer algo por los demás, cambió las curvas de la muerte. Del Corral hizo propia la idea de Francisco que se puede sintetizar en la no competencia, sino en aprender a vivir.

Haciendo acuerdos internacionales. Los de Harvard se unieron a los argentinos en una misma aula virtual gracias a la Universidad de Córdoba. Haití, Mozambique, Togo, Paraguay, entre tantos otros. La sede de Scholas de la Villa 31 ya cerró con Israel un intercambio y vendrán a Retiro.

Un detalle: las aulas van a ser compartidas entre chicos y viejos. Van a intercambiar sus soledades. No sólo de los argentinos sino de todo el mundo. Para Francisco, "crisis significa ruptura, peligro, pero también oportunidad, apertura". Scholas nació de una crisis y salió a hacer el apostolado de la escucha del corazón de los jóvenes.

Para el Papa, "eso es educar. La educación escucha o no educa. La educación crea cultura o no educa. La educación es ir escuchando, creando y celebrando la vida. Cabeza, corazón y manos creciendo armónicamente. La cultura del encuentro reúne el sueño de los niños y los jóvenes con la experiencia de los adultos y los viejos. Si no, no hay humanidad. No hay raíces, no hay historia, no hay promesa, no hay crecimiento, no hay sueños, no hay profecía".