Por Mariano Cerrato
@MarianoDCerrato

El comienzo del fin de la pesadilla muy de poco comienza a sentirse en Argentina, pero en especial esa sensación es la que genera pensar en los adultos mayores, que después de casi un año de encierro, sin poder abrazar y estar cerca de sus seres queridos por su condición de pacientes de riesgo, empiezan a ver una nueva luz de esperanza.

Desde el miércoles de la semana pasada en la provincia de Buenos Aires se comenzó con el operativo de vacunación para los mayores de 70 años, mientras que el último lunes se arrancó con el trabajo de inmunización en la Ciudad.

Aguardan pacientes y cumplen con los protocolos (Rubén Paredes).

“Crónica” dialogó con algunos abuelos que ya accedieron a sus primeras dosis, quienes manifestaron su alegría por recibir la vacuna, contaron cómo fue su experiencia y el duro año que les tocó atravesar por la pandemia, mientras ya comienzan a proyectar qué cosas harán tras obtener la inmunidad.

Ganas de recuperar tiempo perdido

Olga Nazar (83 años) vive en la localidad de Lanús y pudo acceder el pasado lunes a la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus en una escuela de la ciudad vecina de Remedios de Escalada, a la que fue acompañada por dos de sus nietos. “Me siento feliz, estaba muy ansiosa los días previos. Estuve mucho tiempo encerrada en mi casa y siento que el año pasado fue un año perdido. No sabía qué hacer. Hoy siento que me sacaron años de encima después de recibir la vacuna, explicó a este diario.

Desde hace 24 años, Olga trabaja como empleada doméstica en una casa de familia, a la que tuvo que dejar de asistir por ser personal de riesgo ante un posible contagio, algo que golpeó de forma muy dura en su estado de ánimo y cambió de un día para otro toda su rutina, sumado a la falta de contacto con sus nietos.

“No podés abrazarlos, ni besarlos”, lamenta Olga, quien por este motivo, cuando se enteró de la posibilidad de vacunarse, no lo dudó ni un segundo. “Mi nieta fue la que me anotó para recibir la vacuna. Le di mis datos y ella me avisó cuando me salió el turno. Fui con ella, mi nieta, mi nieto que nos llevó con el auto y su perro, que también nos acompañó”, relató.

Y continuó: “Cuando alguien salía, la gente que estaba haciendo la fila aplaudía, fue emocionante. En mi caso me hicieron en un grupo de cinco personas, me hicieron algunas preguntas de datos personales, después me hicieron pasar a otro lugar y tuve que esperar media hora para constatar que no tuve efectos adversos”.

Norma Cavaleiro recibió la vacuna en una escuela de Remedios de Escalada.

Una experiencia similar fue la que vivió Norma Cavaleiro (78 años) quien el pasado martes tuvo que realizar el mismo trayecto desde Lanús a Remedios de Escalada para darse en un colegio la primera dosis, de la cual dice con orgullo ser “la primera de la familia” en recibir el turno. “Yo siempre fui pro-vacuna, así que nunca dudé en dármela. Mi nieta fue la que me sacó turno y fui acompañada de mi hija. Lo viví con muchas expectativas, no esperaba realmente que me llegara tan rápido”, confió Norma a “Crónica”.

Una sonrisa de oreja a oreja se dibuja en su rostro tapado por un barbijo. Miles de pensamientos reunidos en su mente en el transcurso del trayecto por el pasillo de la escuela hacia la vacuna, cuando piensa en el tiempo que estuvo sin ver a sus amadas nietas y a su hermano, quien ya tiene turno para recibir la vacuna la semana próxima.

“No veía la hora de darme la vacuna. Ver a mi hija y a mis nietas a través de un vidrio, por videollamada. No pude pasar las fiestas con ella y eso fue algo que me dio mucha pena. Ahora vamos a poder abrazarnos, besarnos, tocarnos, saber que estamos”, sintetizó Norma, quien ya palpita el comienzo de una nueva etapa llena de reencuentros.

La ilusión, también en el interior

Marta Hipperdinger (64 años) y Juan Visotsky (74 años) son una pareja de un pueblo llamado 17 de Agosto, perteneciente al partido bonaerense de Puan, al sur de la provincia, que cuenta con tan solo 360 habitantes.

Durante los últimos siete días, Juan y Marta tuvieron que viajar 60 kilómetros en auto hasta el centro cultural “El Mercado” de Puan para recibir la vacuna y ya ambos cuentan con la primera dosis. “En el lugar nos encontramos con gente que conocemos, porque todos nos conocemos las caras por acá y sabemos de dónde vienen. Fue muy ameno para nosotros”, relata Juan, al tiempo que remarca que siempre estuvieron “convencidos” de darse la vacuna desde un primer momento.

En ese sentido, Marta explicó que ambos pasaron por enfermedades oncológicas, de las cuales pudieron salir adelante, por lo cual pese a recibir la vacuna, enfatizó que después de que reciban la segunda dosis a mediados de marzo, piensa “continuar con todos los cuidados”.

“Tengo a mi mamá de 89 años viviendo a la vuelta de mi casa y no la pienso poner en riesgo. Durante estos meses dejamos de compartir el mate y ahora tomamos individuales. Creo que esa y otras costumbres de higiene llegaron para quedarse. Al menos yo pienso seguir manteniéndolas”, enfatiza Marta.

De a poco comienzan a quedar atrás los temores. A falta de la segunda dosis, la ansiedad es un factor a controlar. Pero sin dudas, estos abuelos empiezan a soñar con un revivir en muchos aspectos de sus vidas, con ganas de dejar todo el padecimiento que produjo la pandemia atrás. Ya falta menos.

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