La Clínica Santa María de Mendoza aprobó el jueves 10 de septiembre el certificado de defunción por Covid-19 de María Dora Farro (71). Conmovida, su familia enterró a la anciana en una breve ceremonia. Lo que no imaginaban es que, luego de la despedida, recibirían una llamada de parte de la supuesta fallecida: estaba internada en el hospital y pedía desesperada ver a sus hijos.

Las medidas de prevención al contagio de coronavirus propiciaron el insólito equívoco: el cajón fue entregado cerrado a los familiares de la abuela que, sin contar con el permiso para velarla, no podían saber que iban a sepultar a otra persona, cuya identidad aún no se conoce.

El certificado de defunción de la abuela que hoy vive

Los parientes de Dora ya iniciaron acciones legales junto a sus abogados para que el sistema civil, en el que la abuela figura como NN, corrobore que la mujer no está muerta. 

"Su mamá está viva y pide a gritos ver a sus hijos", le dijeron a Jorge, hijo de la anciana, en una llamada telefónica menos de 24 horas después del entierro. En un principio, el hombre, quien declaró que hoy sigue en shock y "todavía muy mareado por los nervios", pensó que se trataba de una especie de transe post traumático por el entierro y no pudo responder, esperando regresar a un estado de cordura.

Cuando finalmente pudo reaccionar, salió de su casa a toda velocidad para ir a la Clínica Santa María donde lo esperaba su madre y comprobar que era real. La mujer a quien había despedido estaba viva.

Shirly Hernández, nieta de la "resucitada", compartió la historia en su página de Facebook para denunciar el equívoco y para evitar que la situación le vuelva a ocurrir a otra familia. "Con todo el dolor del alma, ese mismo día a las 15.30 la enterramos, sufriendo el trauma y el dolor de esa situación", expresó la joven acerca de ese jueves fatídico.

Días atrás, Dora había visitado el centro médico por un fuerte dolor en la espalda. Luego de que los especialistas la revisaran y consideran que su estado no era grave, le recomendaron que volviera a su casa con la orden de realizar un tratamiento ambulatorio.

El lunes pasado, luego de pasar algunas noches en su hogar, el cuadro de la abuela empeoró y regresó a la Clínica con un fuerte dolor en el pecho. Los médicos la internaron por un principio de neumonía. Las autoridades del hospital no permitieron a sus familiares ingresar, acatando los protocolos de seguridad para prevenir el contagio de coronavirus, por lo que los parientes se despidieron en lo que, días más tarde, creerían que había sido la última vez que la vieron.

La mujer todavía figura como difunta en el sistema

"Estuvimos en la morgue muy poco tiempo, no nos dejaron verla y nos entregaron el cajón cerrado", comentó Jorge acerca de las horas que pasó luego del llamado del jueves a la madrugada en el que le avisaron que su madre había muerto.

Se enteró que Dora estaba viva y preguntando por su familia ayer a las 15. El estado de la abuela mejora según el parte médico de la Clínica Santa María y los dos hisopados que le hicieron demuestran que no tiene coronavirus.

“Ya pudimos verla. Ahora sí nos dejaron pasar”, comunicó el hijo, quien todavía se recupera de los acontecimientos inauditos que vivió todos juntos en esta última semana.

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