Las rutas sin autos, las calles sin gente, los aguas sin barcos y los aires sin vuelos. Mientras el hombre se retira por la cuarentena de los espacios que ha conquistado arrasando sin límites, la naturaleza avanza y recupera de a poco su lugar. Se escuchan pájaros que antes no se oían, se ven animales recorrer sin miedo territorios urbanos, distintas especies se asoman por las orillas de las diferentes playas y la contaminación va desapareciendo de a poco. El mal que la especie humana hizo sobre la tierra es evidente. Basta que el mundo se encierre todo a la vez para que la naturaleza se exprese libremente.

El Himalaya ahora puede verse sin la polución. (Foto: @abbu_pandit)

Alguien fotografía el Himalaya cuando antes desde el mismo punto ni siquiera podía verlo. La Nasa capta las diferencias de contaminación sobre China, antes y después de la aparición del nuevo coronavirus covid-19 en su territorio. Ejemplos de cómo se ve el mundo antes y después de la cuarentena.

China antes y después de la cuarentena, según la NASA

Ese daño que en el día a día de la vorágine de las ciudades no se percibe, hoy se registra desde distintos puntos geográficos, dándonos a entender que algo muy malo hemos hecho sobre el planeta y sus especies.

Les hemos quitado su hábitat, su aires, sus cielos. Les hemos quitado todo indiscriminadamente y sin pensar en el efecto futuro. Ese retiro al que la especie humana ha sido obligada, ha despertado a la naturaleza, le ha devuelto parte de su espacio, de su evolución.

Somos la razón de nuestras propias costumbres que se han vuelto dañinas, nocivas y nos han enfermado de a poco hasta aislarnos de nosotros mismos. Hemos roto los equilibrios, los lazos, el contacto mismo con la tierra. Hemos roto todo.

Si no usamos este tiempo de aislamiento para pensar en lo que hemos hecho, en lo que hemos provocado, de todo esto no hemos aprendido nada.

Un virus invisible que avanza sobre la especie humana nos inunda de miedo, de a poco nos hace reflexionar sobre el desastre monumental que hemos causado, arrasados por la necesidad de consumir, de transitar, de creernos amos de todo lo que hemos conquistado.

El virus que hace vulnerable a una especie que cree que el dinero lo es todo, que cree que todo lo que toca le pertenece y que todo lo que posee le es propio, lo interpela y le pone por delante una realidad que se ha construido durante años, durante décadas, durante siglos.

El momento de ver que éste puede ser un límite, que éste puede ser un cambio, es ahora. Es el momento de creer, es el momento de repensar la forma de vivir y de evolucionar, es el momento de cambiar de rumbo, de girar sobre nuestra forma de vivir, de repensar sobre lo que de verdad es importante.

Cuando las puertas se vuelvan a abrir para salir a vivir el mundo, que todo lo que hemos pasado nos recuerde que dependemos del otro, que la solidaridad nos hace crecer como especie y que respetar la naturaleza nos permitirá seguir disfrutando de un planeta que no sólo es nuestro y en el que no estamos solos.

Delfines en Viña del Mar, Chile

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Patos en Las Vegas, California, Estados Unidos

Medusas rosas en Filipinas

Cabras en Albacete, España

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