Su nombre es Rubén Ángel Díaz, nació hace 67 años en la localidad bonaerense de Ituzaingó y decidió aportar gratuitamente sus conocimientos en arquitectura y arte para que los vecinos de esta localidad tengan cerca un bello paisaje que podría estar a miles de kilómetros de distancia. "Cuando me preguntan por qué me dedico a esto o qué me motivó a hacer tal obra, yo les respondo: ¿Por qué no?”, afirma en diálogo con “Crónica”.

Réplicas de monumentos históricos del mundo, como la Torre Eiffel, la Torre de Pisa, el Arco del Triunfo y hasta el Obelisco porteño, se pueden encontrar a escala en distintos puntos de Ituzaingó, sin la necesidad de hacer viajes costosos ni tener que moverse de la ciudad. 

Fue exactamente este uno de los motivos que tuvo Díaz para, en 2017 y con 63 años, comenzar a llevar adelante este tipo de obras que, según resaltó él mismo, no tienen como fin “hacer plata”, sino “permitirle a una familia que no pudo conocer esos lugares, tenerlos al alcance de sus manos”. 

El Arco del Triunfo creado por Díaz contiene un homenaje a Carlitos Balá.

“A una familia le pido que se lleve torta frita, mate y se sienten frente a la Torre Eiffel (de 16 metros de altura). ¿Quién dice que no lo pueden hacer?”, se pregunta Rubén, mientras recuerda todo lo que le dijeron cuándo comenzó con sus primeras obras.  “Hay pase libre para la gente. El arte es gratuito. Hay una función social que quizás no se difunde y es que la gente no necesita nada para estar ahí. No hay plata, lo importante es que las personas se sorprendan, que sean felices”, resaltó el artista. 

Sus comienzos

Después de estudiar durante seis años arquitectura, Rubén Díaz cuenta que se recibió, pero tomó la decisión de no presentarse a buscar el título porque “tenía que usar corbata”. 

“¿Cómo me van a imponer que use una corbata?”, se quejó, algo que marcaría lo que sería para él una “filosofía de vida” aplicada para cada una de las cosas que llevó adelante, en dónde la posibilidad de poder hacer “lo que quería” ocupó el lugar principal y el más importante. 

De esta manera, Rubén nunca quiso matricularse como “arquitecto”, ya que no quería ver su arte “condicionado por lo que se considera que está bien” y sentirse así más libre, con sus conocimientos y su título de maestro mayor de obras para poder mantenerse, pero con la ambición de al mismo tiempo lograr llevar adelante sus propios deseos. 

La Torre de Pisa es otra de sus creaciones.

A su vez, coloca como otro hecho clave la posibilidad de poder viajar por distintas partes del mundo, que lo llevaron a conocer desde la selva amazónica hasta distintos países de Asia y África, en donde detalló que pudo ver de cerca “las necesidades de la gente”. 

“Cuando tenía 10 años sabía que iba a conocer el mundo y lo logré. A los 18 años me fui de mochilero y llevo 50 años repitiendo esa experiencia para reencontrarme con mi yo del pasado y sentir las mismas necesidades”, reflexiona. 

Padre de 4 hijos y con 6 nietos en la familia, el artista de Ituzaingó remarca que lleva adelante un modo de vida “hippie” que no es considerado dentro de lo “normal”, pero con la convicción de “nunca hacerle un mal a nadie”. 

Comprender el arte

En el año 2017, Díaz llevó a cabo su primera gran obra: la Taberna de Moe, inspirada en el mítico lugar de la serie animada “Los Simpson”. En ese entonces, el artista decidió comprar un terreno y “empezarlo de cero”, para poder agregarle “hasta el sótano”. Sin embargo, al poco tiempo tuvo que cerrarlo por demandas de derecho de autor, algo que no representaría un obstáculo para completar una serie de obras de todo tipo en los últimos años, que incluyen no solo edificaciones, sino también vehículos. 

En esta lista de obras que realizó se encuentra un Citroen C3 convertido en una casa, una “casa colectivo”, un auto que evoca la prisión de Alcatraz y hasta un vagón que también refacciona para que se convierta en casa. 

Por su parte, al hablar sobre el modo en que logra financiar todo lo que hace, Rubén destaca que su “mayor fuerte es ser comerciante” y siempre se dedicó a “la compra y venta” por su profesión, algo que le permite “identificar lo que hay en el mercado” y “vender si es necesario para hacer otra cosa”. 

Antes de la pandemia, la Torre Eiffel de Ituzaingó era muy visitada por los turistas.

“A mí no me interesa ser rico con esto, sino disfrutar lo que hago. Lo importante es que la gente sea feliz”, enfatizó Díaz, así como también valora el reconocimiento que encuentra de la gente por la calle.  Aunque, por otro lado, también distingue que antes lo llamaban “loco” por querer realizar estos trabajos, pero ahora lo llaman “artista”, por lo que recomienda a los jóvenes no dejarse llevar por “etiquetas” e ir contra la corriente. 

Doy charlas por Zoom a jóvenes y les intento transmitir que nadie fracasa por algo, que en realidad fracasar es no intentar y tienen que hacer lo que deseen, no quedarse con las ganas”, apunta. 

Basado por su experiencia personal, resalta además que para él “los títulos de carrera son discriminatorios” y valora que cada uno de sus trabajos consisten en “un trabajo en equipo, con personas que pudieron construir o pintar la idea de uno tuvo”. 

En ese sentido, Díaz hace hincapié en que no puede decir que su trabajo es un sacrificio ya que, si bien él tuvo que “esforzarse y estudiar durante seis años”, gracias a eso pudo comprar su primer auto, pero “en otras profesiones, como la albañilería, obtener un auto y darse gustos “es mucho más difícil e implica muchos más años de sacrificio”. 

Proyectos 

Pese al actual contexto de pandemia por el coronavirus, Rubén no detiene la marcha y continúa planificando nuevos trabajos que espera poder terminar pronto.

Con las restricciones a cuestas, subraya que pudo seguir con sus trabajos a pesar de la situación sanitaria, aunque se han “enlentecido” todos sus proyectos y los tiempos se han hecho más largos. 

Entre las obras que piensa presentar en un futuro cercano se encuentran 10 proyectos, entre los que se destacan “una Casa Rosada bar, una casa celular y una calle pintada como el ‘Puente de los Suspiros’ de la ciudad de Venecia”. 

Aunque sus mayores expectativas están puestas en la realización de una obra que incluya “varios monumentos mundiales situados en un mismo lugar”. 

Un trabajo para el que no se impone ningún tipo de límite creativo y con el que logra ser feliz y hacer felices a los vecinos de Ituzaingó, que disfrutan del arte y el talento que desparrama Rubén. 

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