Por Florencia Bombini
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Sólo para ver sonreír a los más chicos y darles una mano desde su lugar, Daniel Donadío recorre varias veces al año miles de kilómetros con su camioneta desde Chascomús hasta Brea Pozo, en Santiago del Estero. Sin redes sociales que difundan su actividad, el joven de 39 años se encarga de recolectar donaciones como en los viejos tiempos, de boca en boca y a través de la radio de su ciudad, para luego cargarlas a su vehículo y emprender un viaje de 12 horas. Lo hizo para el Día del Niño y lo hará el próximo 15 de septiembre para repartir libros en dos escuelitas del norte argentino. 

Su vida no fue para nada fácil. Los duros desafíos que debió superar le generaron estas ganas de ayudar para que nadie más pase por su misma situación. Su padre murió cuando tenía 13 años y a los 14 debió irse de su casa. Durmió en la calle hasta que fue rescatado por un familiar y se mudó a Buenos Aires. Su ingreso a la Iglesia Universal le cambió la vida a los 17 años y le nació este espíritu solidario que hoy se lo agradecen cientos de familias del norte. Después de superar esta etapa de su vida, Daniel quedó viudo en el año 2002, lo que lo impulsó a viajar y conocer, como dice él, “las dos argentinas”.

Más allá de que lleva registrados varios viajes por Formosa, Tucumán y Santiago del Estero, en cada uno se lleva una nueva sorpresa. En diálogo con este medio, Daniel compartió las sensaciones de sus visitas: “Cuando llego a los pueblos, me doy cuenta de cómo viven, en el medio de la tierra, en el abandono. Les falta todo. Hay barrios que no tienen luz y ni siquiera caminos. Andan a caballo o en moto. Los animales se mueren por sequía. Lo más triste es que tienen agua dos horas por día y ni siquiera está limpia”.

Daniel, que se desempeña como comerciante y bailarín, señaló que “las donaciones las hago en forma privada con gente que me contacta o me acerca ropa y juguetes. Ellos son muy humildes y se ponen muy felices cuando voy, me preguntan cuándo viajo de vuelta”.

“Cada dos o tres meses me organizo y llevo cosas. La última vez, para el Día del Niño, hice una chocolateada”, cerró el hombre, que busca dejar atrás varios capítulos de su vida a través de la satisfacción de ayudar a quienes más lo necesitan.