Por Franicsco Nutti 
 @frannutti 

Darío Loncón vive en Bariloche y es uno de los máximos representantes del fisicoculturismo argentino en Sudamérica. El abuelo, que tiene 64 años, entrena tres horas por día y trabaja otras nueve como albañil. Muy temprano por la mañana, el experimentado deportista comienza su rutina con un desayuno simple: algo de mate y un vaso de agua mezclada con un suplemento vitamínico.

Cerca de las 8, trota por su barrio y una hora más tarde concurre a su trabajo como obrero en un edificio en construcción, hasta las 20.30. Al salir de allí, se refugia en el gimnasio durante una hora y media más. Tiene dos hijos, dos nietos y una vida que atender. Loncón se siente con energía pese a que la tercera edad está a la vuelta de la esquina. Dice que "sin dolor no hay victoria", por lo que realiza entrenamientos de fuerza con no menos de ocho repeticiones de 120 kilos.

Eso es apenas el principio. A fines del mes pasado, a la edad en que algunos ya están listos para firmar la jubilación, el hombre se convirtió en el nuevo campeón argentino de fisiculturismo. Hacía más de una década que se mantenía apartado de la actividad en la que supo brillar a los 50 años con un físico de mayor volumen.

Cerca de las 8, trota por su barrio y una hora más tarde concurre a su trabajo como obrero en un edificio en construcción, hasta las 20.30. 

El abuelo deportista nunca deja lugar a las lamentaciones. Todos los días, excepto los sábados, se hace un espacio para realizar una hora y media de pesas y una hora y media de aeróbico por la tarde. El resto de su jornada lo dedica a trabajar como contratista en construcciones en la ciudad, pero también es un emprendedor nato.

Tal es así que se involucró en el negocio de la ropa y su última idea es abrir una mascotería, por lo que decidió comprar alimento para gatos y perros antes de que los precios vuelvan a subir. Su infancia no fue para nada fácil. A los 8 años salió a trabajar para ayudar a su mamá. Era el mayor de cuatro hermanos y se dedicaba a lustrar zapatos, además de hacer otro tipo de changas para llevar el dinero a casa.

A los 14 empezó como ayudante de albañil, pero sus ganas de laburar le permitieron tener a una veintena de personas a cargo a los 23. Allí fue cuando se pudo comprar su primer auto, que luego lo convirtió en taxi. Quizás ese fue el gran comienzo de una flota que hoy sigue vigente. En su haber llegó a tener ocho vehículos, pero ahora tiene tres.

Sin embargo, si se suma toda la cantidad de taxis que hoy dispone su familia, alcanzan a los 35. Dicen, quienes los conocen, que "los Loncón son sinónimos de taxis de Bariloche". Para el fisicoculturista, el deporte y el trabajo son espejos que se miran y entiende por completo que hay que esforzarse para cualquiera de las dos cosas y para sentirse bien con uno mismo.

Por otro lado, comprende que el deporte les abre la mente a las personas y que, en su caso, le ha permitido facilidad para realizar los trabajos de fuerza, como la albañilería, sin ningún tipo complicaciones.

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