Amrit se unió desde hace seis años a una pequeña comunidad que vive rodeada de naturaleza, ubicada en Yacanto de Calamuchita, en Córdoba. Se dedica a dar clases de kundalini Yoga, guía meditaciones, y hace tareas de carpintería, entre muchas otras actividades. Estudió para ser coach y counselor, y tiene escritos dos libros, Necesito un cambio ya (2012) y Más amor por favor (2016). Sin embargo, muchos lo recuerdan por su paso en los noticieros matutinos de América y Canal 26, antes de que se retirara del periodismo definitivamente.

"Siempre me siento orgulloso de lo que hago", aseguró a cronica.com.ar quien hasta hace no mucho tiempo era Alejandro Rial. Cambiar de aire y de nombre significó una gran transformación, algo que al día de hoy considera que sigue en proceso.

Alejandro Rial, exconductor del noticiero de Canal 26.

Se crio en el barrio porteño de Villa Devoto, pero en su cabeza está grabada la imagen de sus "infinitas mudanzas" desde que era un niño, de una casa a otra por la ciudad de Buenos Aires. Aquello le generaba mucho entusiasmo, le gustaba aventurarse a nuevos lugares y experiencias. Cuando le preguntaban qué quería ser de grande, respondía: “quiero ser muchas cosas”. Ese espíritu inquieto lo acompañó desde muy chico, y se ve reflejado en las distintas actividades y profesiones en las que se especializó a lo largo de toda su vida.

Un poco por placer y otro poco por presión social, reconoce, de joven tuvo que elegir una de todas sus pasiones, y fue el periodismo la ganadora. Comenzó como cadete en Editorial Perfil, continuó en el semanario Flash de Crónica, la revista El Porteño, y el suplemento Cerdos y Peces, entre otras. Prontamente llegaría a la radio, y más tarde, se pondría a prueba por primera vez en la televisión al frente del noticiero de América.

Amrit tiene 60 años. Trabajó desde los 20 como periodista en distintos medios de comunicación gráficos, radiales y televisivos. Fuente: (Instagram @estudio.cemira)

“Un día dije 'creo que esto no lo voy a disfrutar'. Un poco como la mudanza, necesito mudarme, necesito otra casa, otra profesión”, explicó. En 2015, sufrió la pérdida de su pareja, María, quien durante seis años y medio estuvo en estado de coma tras padecer un accidente de tránsito en la Autopista del Oeste.

Estuvo casado con Liliana Parodi, la actual directora de contenidos de América, pero tuvo una hija fruto de un matrimonio anterior. Hoy por hoy se siente cómodo conviviendo en la pequeña comunidad ubicada en el ecopueblo cordobés "Centro Umepay". Continúa en contacto con sus seres queridos de forma virtual, y con cientos de miles de personas a través de las guías de meditación que ofrece todos los días -sin falta- por las mañanas a través de su cuenta oficial de Instagram, "@amrit.rial".

Una publicación compartida por Amrit Rial (@amrit.rial)

-¿Qué recuerdo tenés de tu infancia?

Tengo esa imagen de haberme mudado infinita cantidad de veces con mis padres, y estar descargando muebles, armando, desarmando, armando, desarmando la casa… Me puedo dar cuenta el entusiasmo que me daba pensar que nos íbamos a otra casa. Como: "¡Qué lindo! ¡Una casa nueva, una habitación nueva!"Me gusta no pertenecer a ningún lado, a nada. Esa es una particularidad de mi vida, y capaz que se me marcó de chiquito. Después de grande seguí mudándome mucho. Siempre es algo que me divierte mucho, que me entusiasma. Pero soy un nómade hasta que me quedo. Me gusta eso de que nada es definitivo, porque la vida es así.

-¿Cuál fue tu primera experiencia periodística y por qué lo elegiste?

Mi primera experiencia fue como periodista gráfico en la Editorial Perfil, y después fue en Flash, una revista que se hacía en Crónica. Cuando me preguntaban qué quería ser de grande yo respondía que muchas cosas, no una, pero toda la cultura y todo el universo alrededor mío me pedía una especialización. También hacía trabajos manuales, estudiaba en el Industrial, aprendí a arreglar motores, aprendí carpintería, aprendí hojalatería, aprendí a hacer cosas con electricidad. Hice de todo. Hoy soy coach, counselor, especialista en comunicación, doy charlas, soy maestro kundalini Yoga, doy masajes californianos, hice muebles. Y sigo pensando en seguir haciendo cosas.

El periodista medita en las cercanías del Río Grande, en el Valle de Calamuchita. Fuente: (Instagram @estudio.cemira)

-¿Te gustó trabajar en la televisión?

Fue un momento muy importante de mi vida. No me gustaba mucho la tele porque soy más bien tímido, me gustaba más el periodismo escrito. Me daba mucha vergüenza mi imagen personal, me daba mucha vergüenza no saber qué decir, cómo voy a decir las cosas, o si al otro realmente le iba a interesar lo que yo diga. Hasta que obviamente lo terminé superando porque terminé conduciendo noticieros. Después le empecé a agarrar el gustito y fui cronista de radio y televisión, luego fui productor ejecutivo, productor general de programas de televisión, armé programas de televisión… Hice mil cosas. Siempre inquieto.

-¿Por qué dejaste ese trabajo, donde tanto éxito tenías?

Todo lo que hago me tiene que dar alegría, me tiene que entusiasmar, sino, lo dejo de hacer. De hecho, estuve conduciendo un programa de televisión en el que me iba muy bien y estaba muy bien posicionado, y un día dije: "creo que esto en un tiempo ya no lo voy a disfrutar". Un poco como la mudanza: "necesito mudarme, necesito otra casa, otra profesión"Más que que no me gustara, me di cuenta que lo disfrutaba mucho.Yo disfruté hasta el último noticiero que hice. Era un: "qué lindo es hacer este trabajo, qué bendición". Pero a la vez me gustaba hacer algo nuevo. Sentía que mi energía se movía. Quería compartir eso que me había formado a mí para ayudar a otras personas. Ya había estudiado cuatro años de counseling, había estudiado dos años de coaching, y después había empezado a dar algunos talleres y acompañaba a algunas personas en su desarrollo personal. Hubo un momento donde dije “ya está. Suelto el periodismo y me dedico a otra cosa y me voy a otro lado”.

-¿Cuál fue la reacción cuando decidiste dejar la tele?

Mis amigos me decían que no dejara el noticiero, que era una locura. Otros me decían que no podían creer que fuera capaz de hacer esto, que en mi lugar no podrían, pero me transmitían respeto y admiración. Pero muchos me decían que no dejara ese trabajo, esa posición y todo lo que había logrado. Pero yo pensaba que podía crear cosas nuevas. Para eso estoy. 

El periodista en su antiguo estudio de televisión.

-¿Crees que afectó el fallecimiento de María en tu decisión?

Representó obviamente un quiebre en mi vida. No había escrito mi libro Necesito un cambio ya, y cuando lo hice un poco se lo dediqué a ella. Mari tenía un montón de sueños por vivir y vivía en conflicto porque no terminaba de cumplirlos, y un día, por un accidente, queda en estado de coma. Necesito un cambio ya es hacer eso, hacer pequeños cambios, pequeñas cosas, pero disfrutá la vida ahora. No sabes si mañana va a existir la vida. Y disfrutar el camino, no llegar un punto, una meta. Lo que pasó con Mari me confrontó a mí, que venía ayudando a personas a transformarse, a resolver problemas y superar crisis. Siento que vino la peor crisis que me podía venir a moverme todo. “Bueno, dale. Vos que te hacés el que acompañás a los otros a salir de todas estas cosas, a ver cómo te arreglás vos con ésta, a ver cómo resolvés esto”, me decía. Fue como la prueba de fuego. Atravesar todo eso sin desmoronarme.

-¿De dónde surge el nombre "Amrit"? ¿Tiene algún significado especial?

Amrit es el nombre que recibí como maestro de la kundalini Yoga. En un momento pedí un nombre espiritual y pensé: “Ah, podría dejar de llamarme como me llamaba, podría abandonar esa identidad y que la transformación sea hasta con un cambio de nombre”. Sobre todo porque tenía un nombre que me hacía conocido para muchas personas. Fue entonces como desdibujar o no querer usar a Alejandro Rial para impulsar a Amrit, querer que Amrit sea un nuevo comienzo. Amo todo lo que fui y todo lo que hice, pero sentía que era un tiempo de transformación y que con un nombre nuevo era un desafío. Tengo 60 años. Cuando lo decidí tenía 52. Se supone que tu nombre es tu destino. Amrit es ‘el néctar de los dioses’, que podría ser el amor, pero mi nombre entero significa el que da incondicionalmente ese néctar o ese amor. Me toca ser eso, es el destino entregar amorosamente lo que sé.

-¿Por qué Córdoba capturó tu atención?

Empezó como un viaje que arranqué y que iba a terminar en Costa Rica, buscando dónde vivir. Me parecía que vivir en una ciudad como Buenos Aires, rodeado de gente pero sin conectar, era un despropósito. La ciudad me atrapó siempre. Buenos Aires me encanta, me parece una ciudad increíble. Pero cuando pasé por acá, que fue el primer destino que toqué en mi viaje, me di cuenta que era el lugar.

Amrit guía meditaciones desde su cuenta oficial de Instagram todas las mañanas. Es también mediante ese canal por donde ofrece acompañamiento espiritual y terapéutico. Fuente: (Instagram @estudio.cemira)

-¿Qué te gustó del Centro Umepay?

Me gustaba cómo habían creado este lugar, cómo habían armado esta mini sociedad. Cuando llegué éramos treinta y pico, y ahora somos más de cien personas. Siempre explico que somos una comunidad porque tenemos acuerdos de convivencia en común, eso quiere decir que siempre pueden cambiarse.

-¿Cómo fue la reacción de la comunidad cuando llegaste?

Algunos me recibieron con los brazos abiertos a esto que quería hacer, y me miraron muy amorosamente. Otros me miraron como: "Mmm… ¿Este no vendrá a ser espía?"Después se relajaron porque vieron que yo estaba ahí como cualquier otro, y que estaba entregado a eso. Cuando llegué me tocaba participar de la primera reunión, que es como una junta vecinal en la que se deciden las cosas por mayoría. Una de las cosas que más me gustó es que las personas que habían fundado este lugar tenían la misma posibilidad de voto que yo. Es decir, el voto de ellos no valía más, valía lo mismo que el mío. En esa primera votación, voté en contra de una posibilidad que traían las personas que lo habían fundado, y no paso nada, no se enojaron. Me gusta vivir en una comunidad de pares. Somos todos tan líderes que ninguno lidera, entonces lo hacemos juntos. Eso es increíble para mí.

-¿Cómo es tu día a día ahora?

No me gusta despertarme y que no sea de día. Me pongo el despertador a las 8 (a.m), me preparo con mate, me ducho, capaz que mientras estoy haciendo eso escucho algún video de una charla, una conferencia. Leo, me siento un rato, y después hago la meditación de Instagram a las 9.30 de la mañana. Después me preparo el desayuno y cuando termino, a veces atiendo consultas vía online, a veces me pongo a cortar leña o a hacer cosas más comunitarias. Atender mensajes, llamados, cocino hago todas esas cosas. Me gusta moverme libremente.

-¿Estás conforme con tu proceso? ¿Hay algo que cambiarías?

Una de las cosas muy fuertes como aprendizaje para mí es no pelearme con lo que pasa, sino asumir una actitud con eso que me pasa. La pregunta es para qué me pasa esto, es como si pudiera aprender de cada situación, qué me trae esta situación para aprender. Siempre me siento orgulloso de lo que hago con mi vida. Me siento orgulloso de esta decisión, me siento orgulloso de haber dejado este noticiero. Siento orgullo cuando me veo, por haberme convertido en esto que nunca me había esperado en mi vida.

-¿Cómo te ves de acá a unos años?

La verdad que no lo sé. Me parece que me gusta mucho este lugar, pero siempre estoy abierto a moverme a otros lugares. Por ahora estoy acá, eso es lo que sé. Estoy en constante transformación. Me gusta aprender cosas nuevas y que lo nuevo que aprendo me transforme.

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