El 1 de febrero de 1970 ocurrió la peor tragedia ferroviaria de la historia de nuestro país. Una formación de la Línea Mitre impactó contra otra que estaba detenida en la localidad bonaerense de  Benavídez, y esto dejó el saldo de 236 muertos, más de 500 heridos y muchas dudas que hasta el día siguen en el corazón de los sobrevivientes que aún perduran.

La Opinión Austral dialogó con Heidi Henika, una de las sobrevivientes, que se encontraba junto a sus padres en una de las catástrofes argentinas más importantes y atroces. Ambos murieron y ella nunca pudo recuperarse completamente. Cincuenta años después, repasó con en diálogo con aquel domingo de febrero de 1970.

En febrero se cumple un lamentable aniversario en Argentina. 50 años atrás, en 1970, se desencadenó la peor tragedia sobre rieles de la historia de nuestro país en la que, producto de la colisión de dos formaciones, 236 personas perdieron la vida y hubo al menos 500 heridos.

Se pueden encontrar cientos de artículos en los medios nacionales que refieren a lo sucedido ese 1° de febrero. El problema fue un fallo en la comunicación entre los maquinistas a cargo de ambos trenes, uno que venía desde Tucumán y el otro proveniente de la estación Zárate. Así lo reflejó Crónica el pasado domingo 2 de febrero al recordar la tragedia.

Heidi Henika Sobrevivió al mayor accidente ferroviario de Argentina (José Silva/ La Opinión Austral)

La Opinión Austral tuvo la posibilidad de conocer a Heidi Henika, quien junto a su esposo e hijos vive en Río Gallegos desde hace 18 años, y aquel fatídico día viajaba con sus padres, Juan y Karin, en una de las formaciones que protagonizó el trágico accidente.

Ella tan solo tenía un año y medio de vida, no recuerda lo sucedido, pero su padre “tiene una gran memoria y se acuerda de todo”, por eso Heidi, antes de recibir a  La Opinión Austral, consultó a Juan y a su memoria para repasar una vez más lo sucedido, y poder así compartir su historia.

“Sé que la nota me la hacen a mí, pero en realidad es sobre el recuerdo de mi papá. Hablé con él, le pregunté si no le molestaba y le pedí que me contara todo de nuevo, porque yo no tengo recuerdos y me hizo un relato bien fino de cómo había pasado todo”, comenzó aclarando Heidi.

Al ser consultada por el momento de su vida en el que entendió lo que le había ocurrido, Heidi explicó: “Desde que tengo recuerdo siempre fui la hija del accidente. Es algo de lo que permanentemente se habló en mi familia, nunca se me ocultó nada, se que viajaba con mi mamá y con mi papá. Ella murió en el accidente, sobrevivimos mi papá y yo”.

¿Qué ocurrió ese domingo de febrero del ´70?

La familia Henika vivía en Quilmes, Buenos Aires, era un matrimonio joven, ambos alemanes, y una pequeña hija argentina nacida en el ´68.

Ese domingo habían ido a visitar a sus tíos, quienes tenían una casa quinta en Ingeniero Maschwitz, “habíamos salido a la mañana temprano y volvíamos a la nochecita en tren. El que venía de Zarate con destino a Retiro estaba repleto, porque era fin de semana, incluso mi papá recuerda que nos costó subir”, relató.

A los pocos kilómetros el convoy se detiene por un desperfecto técnico: “Nosotros íbamos en el tercer vagón, la formación queda parada y al tiempo, no sé cuánto, escuchan otro tren. Venía de Tucumán y se llevó puesto al nuestro. Levanta el primer vagón, arrastra el segundo y cae encima del tercero”.

La tapa de Crónica del 3 de febrero de 1970 que reflejó el brutal accidente ferrovariario 

Gracias al relato de Juan, Heidi sabe que sus padres estaban sentados en asientos enfrentados uno del otro: “Yo iba con mi mamá, pero unos minutos antes del accidente no se que pedí y quedé sentada entre las piernas de mi papá, por eso en el momento del impacto yo me salvo” añadió.

Como consecuencia de la colisión, la pequeña solo se hace un raspón, “pero mi papá se quiebra tibia y peroné. Tuvo una fractura expuesta, que en ese momento no vio por la oscuridad, pero si sintió que estaba atrapado, y mi mamá murió”.

“Más que una falla, habría sido por distracción”

A pesar de la falla en la comunicación que informaron los medios en ese tiempo, Heidi cuenta que Juan no sabe y que cree que nunca se supo exactamente que pasó. 

“Lo que decían en ese momento es que más que un error de comunicación fue una distracción del motorman que venía en el tucumano, según rumores partido de boca, los muchachos estaban atentos a otra cosa y no vieron las señales de la comunicación, más que una falla, habría sido por distracción”. 

Crónica destacó la historia de Heidi y su papa en aquella trágica noche.

Incluso su padre le contó que el conductor estuvo prófugo unas semanas y después lo encontraron y fue detenido, “pero no sabe realmente lo que ocurrió”.

Todo ocurrió caída la noche: “Quedamos en total oscuridad en el medio del campo, gritos, llantos, gente que pedía auxilio, mi papá queda atrapado con su pierna. Cuenta que en ese momento vio una fuerte luz, se siente muy triste y le pasan por delante todos sus familiares fallecidos y ahí no sabe como, se da cuenta de que yo estaba llorando, de que yo estaba ahí, y por eso volvió”.

A pesar de que estaba atrapado entre los caños, Juan ayudó a una señora que pedía auxilio y recuerda haber movido la cabeza de un hombre que estaba muerto, “mi papá solo podía mover los brazos”.

Hasta que llegan los socorristas al lugar “a nuestro vagón entra un bombero con una médica o enfermera, mi papá no lo recuerda, ellos fueron los que nos rescataron, yo estaba en brazos de la mujer cuando él les cuenta que viajábamos con su esposa, mi mamá, pero no la veía”.

Ahí es cuando los bomberos sacan a Heidi por la ventanilla y a Juan le quitan los fierros y lo dejan afuera del tren, mientras empiezan a atender a todos los heridos, “cientos de personas, fue terrible”.

Su padre pierde la consciencia y aparece en el Hospital de Vicente López, “no sabemos a donde fui a parar yo, no hay registros de donde me llevaron, pero se ve que él pedía por mí estando ya internado, y a la madrugada me llevan con él, también preguntaba por mi mamá y nadie sabía decirle a donde estaba, era la tarde del lunes y aún no se sabía nada”. 

“Mi papá recuerda que le pidió a Dios que se lo lleve”

Heidi cuenta que, durante la narración de su papá, tomó conciencia de cómo eran las comunicaciones en ese momento: “Mis abuelos paternos no se enteran hasta el día siguiente, no había teléfono.  En su trabajo a mi abuelo le cuentan que había habido un accidente de trenes, porque después del mediodía se da a conocer la noticia”.

Al saber lo ocurrido, el padre de Juan recuerda el posible viaje a Maschwitz y rápidamente va a la casa de su hijo “y ve que no estábamos, así que se va con un sobrino a recorrer hospitales, cuando llegan al de Vicente López nos encuentran a mi papá y a mí, también llegan mis abuelos maternos, todavía no se sabía a dónde estaba mi mamá”.

Recién en la noche del lunes encuentran a Karin en la morgue de Pacheco: “Mi papá estaba en curaciones a la espera de una cirugía. Estuvo varias semanas así hasta que pudieron operarlo y después estuvo meses internado, eran salas con muchas personas, había varias víctimas del accidente”.

El recorrido que cumplía el ferrocarril.

A Heidi, en cambio, le dieron el alta enseguida y vivió en la casa de sus abuelos paternos “cuando mi papá se recupera del accidente, porque estuvo meses internado, viene con nosotros”.

La única asistencia que recibieron las víctimas de la tragedia fue la cobertura médica y la visita de Juan Carlos Onganía, presidente de facto por aquel entonces: “Mi papá fue muy bien atendido, está súper agradecido al médico que lo atendió, el Dr. Cosabella, pero el Estado no hizo uso de su deber de protección” lamentó Heidi.

Según la narración de su hija, Juan psicológicamente estuvo muy mal, “por el golpe de haber perdido a mi mamá, dice que reaccionó, una vez más, cuando se dio cuenta de que tenía que ocuparse de mí, pero antes mi papá recuerda que le pidió a Dios que se lo lleve”.

En ese momento de máximo dolor “el médico le pidió que lo acompañara porque quería que hablara con una persona que estaba internada, era un señor que había perdido cinco hijos en el accidente, ahí mi papá se dio cuenta de que había gente que estaba peor”.

“Nunca hice uso del pobrecita”

Pasaron 50 años de aquel accidente. Juan y Heidi salieron adelante, pero “mi papá es un tipo melancólico, parcialmente se recuperó, pero él dice que su vida fue un antes y un después y que no hay día que no recuerde el accidente”.

Cuando Heidi tenía cinco años, su padre se volvió a casar “con quien para mi es mi mamá y de ese matrimonio nacieron mis cuatro hermanas, tuve un hermano de mis padres, mayor que yo, pero falleció al poco tiempo de nacer”, y agregó: “Él agradece haber podido volver a formar una familia, pero del accidente no pudo sobreponerse nunca”.

 “Para todos yo siempre fui la pobre Heidi, pero yo no me sentí nunca así. Si sabía que mi realidad era distinta, mi papá habla mucho del tema y siempre lo recuerda, yo casi nunca hablo del accidente, mis compañeras en la escuela nunca se enteraron, nunca hice uso del pobrecita” aseguró.

Heidi siente que llevó una vida normal: “Yo no me siento marcada, si por todo lo que aconteció después, pero no porque yo tenga recuerdos de ese momento. Mi única marquita está en mi tobillo, y recuerdo ir todos los domingos al cementerio, esa era mi realidad”.

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