Hace rato que los clientes de la cadena francesa de supermercados Carrefour se encuentran con un escenario de desidia en términos de atención, orden y limpieza. El plan de recorte drástico de personal es cada vez más evidente y los consumidores optan por otras marcas.

En varios locales chicos y medianos, los cajeros hacen de repositores. La primera consecuencia, además de la flexibilización laboral, es que la mercadería se coloca en las góndolas sin ser desembalada de las cajas. Una decisión para acortar los tiempos que no sólo molesta a los compradores sino también a las marcas que abastecen al súper y que quieren que sus productos se luzcan lo mejor posible.

Es común ver, además, múltiples cajas de cobro a disposición pero nadie que las atienda. En los locales pequeños, si hay tres cajas, sólo hay un cajero. En los medianos, si hay ocho cajas, solo hay dos empleados para cobrar.

La mala atención a los clientes va en línea con lo informado esta semana por el diario BAE Negocios, que dio detalles sobre cómo Carrefour volvió a dar un giro en la dirección de la compañía en Argentina. Ante el alejamiento el martes pasado del argentino Daniel Fernández, que fue director ejecutivo los últimos 12 años, ahora vuelve a asumir el cargo el francés Rami Baitieh.

La salida de Fernández se da en un marco de caída de consumo masivo de 1%, que afecta a todo el sector. A eso se suma una reestructuración que el año pasado desvinculó a más de 250 ejecutivos de la firma.

Según publicó un portal, "la filial argentina de Carrefour prevé un plan de ajuste que abarcaría 3.000 cesantías. Se aplicaría en las distintas sucursales y áreas de la compañía, que tendría planificado el cierre de entre 10 y 12 hipermercados".