Por Eduardo Gallardo
egallardo@cronica.com.ar

Nadie quedó exento en esta pandemia, que también afectó actividades lucrativas que vienen de antaño, como por ejemplo el rubro escolaso. Y más concretamente el que está directamente relacionado con las quinielas y juegos poceados (suspendidos en su mayoría, aunque ya hay sorteos en algunas provincias), que han ido surgiendo con el progreso tecnológico, dado que quienes viven de ese servicio, o sea las agencias de loterías, están vedadas de atender al público.

No hay juego, no hay ingresos ni para trabajadores ni patrones. Es sencillo. Y esto rige tanto para el juego de números como el del turf, disciplina que desde hace décadas viene perdiendo adeptos, fruto de los vaivenes de la economía, como de la competencia de casinos y tragamonedas “a unos pocos pasos”. En Europa hace rato que se implementó una opción que es el juego online, o sea una plataforma a la que se accede a través de teléfonos inteligentes, tablets, pc de escritorios, etc., donde se puede apostar a todo lo imaginable.

El universo de variantes es muy amplio, ya que puede escolasearse en casi todos los deportes (fútbol, tenis, boxeo, automovilismo), así como también a las carreras de caballos, galgos, trote. E inclusive a otras actividades (no hay límite para la imaginación), como los premios Oscar, los Nobel, y las elecciones presidenciales, es decir lo que sea a nivel mundial.

Por estas pampas no está legalizado -aún- el juego online, pero es evidente que sería razonable su tratamiento legislativo para su implementación. Como siempre sucede, va a haber voces a favor y en contra, pero el Estado (nacional, provincial, municipal) tendrá una forma más para recaudar el dinero extra que necesita este año y los siguientes para llevar a cabo una recuperación de la actividad económica que ese “bichito” golpeó en forma terrorífica.

Si llegara a habilitarse ese sistema electrónico, obviamente va a convivir con las formas de escolaso que se conocen tradicionalmente, o sea las agencias de quinielas -y aquellas que tienen Turfito o Pingazo para los “burros”-, así como también las presenciales, es decir hipódromos y casinos. La experiencia internacional marca que los primeros tiempos no resulta el negocio esperado, ni por los empresarios ni por el Estado, pero a medida que pasa el tiempo se van sumando clientes ávidos por “la cosa nueva”.

Todos los distritos (Nación, provincias, municipales, CABA) tienen que recaudar como se pueda ante la gravedad del “parate” económico para asistir adecuadamente a la población más vulnerable. Y más temprano que tarde el regreso del escolaso y el turf le permitirá hacerse al fisco del “vil metal” necesario y tan escaso hoy por hoy.

Hay trascendidos que indican que en Provincia hay una lista de firmas internacionales interesadas en explotar por aquí este negocio, como lo hacen en varios países. Y que hoy se ven beneficiadas por la pandemia (vaya paradoja), porque sus clientes pueden despuntar el vicio en un solo “clic”.

¿Bancado o poceado? Sólo restaría esperar como se desarrollan los acontecimientos para pasar, tras el obligatorio tratamiento parlamentario, a la fase estrictamente técnica/operativa, más allá de lo fiscal, es decir si se va a implementar “bancado”, o sea un dividendo fijo establecido para cada una de las apuestas; o si, por caso, lo apostado en las carreras de caballos va a ir directamente al totalizador de los hipódromos, porque, como se sabe, no hay dividendos fijos sino “poceados”, de acuerdo a las chances de cada competidor, que puede elevarse o bajar según la boleteada del momento.

Hoy por hoy la prioridad es la salud de los argentinos, por lo cual este tema puede esperar un tiempo prudencial para que se lo debata adecuadamente y no a las apuradas y urgencias desmedidas. Por lo pronto, podría ir volviendo paulatinamente el ritmo de quinielas que todos conocen y disfrutan y, más adelante, seguramente, se podrá optar donde se puede jugar “a suerte y verdad”.

Miles de familias dependen de la actividad: el turf en terapia intensiva

Por Arturo Varela
avarela@cronica.com.ar

¿Sana convivencia? Si se llegara a habilitar ese sistema electrónico, obviamente va a convivir con las formas de escolaso que se conocen tradicionalmente, o sea las agencias de quinielas -y aquellas que tienen Turfito o Pingazo para los “burros”-, así como también las presenciales, es decir hipódromos y casinos.

El coronavirus dejó en terapia intensiva a un turf que ya venía con las defensas bajas. Miles de familias que dependen de la actividad viven angustiadas por la suspensión. Sobre todo porque no vislumbran la salida a corto plazo, debido una rara paradoja.

Por un lado, las carreras podrían ser una de las primeras actividades en reactivarse, ya que no hay contacto cercano durante la competencia, como en otros deportes. De hecho, tanto Palermo como San Isidro han elaborado protocolos sanitarios impecables, que los deja listos para arrancar cuando haya campana de largada.

Se permitirá el ingreso al hipódromo sólo a profesionales y propietarios, Los jockeys serán evaluados clínicamente en forma constante y sólo podrán ingresar al vestuario los participantes en cada carrera. Todo fenómeno, pero ocurre que el combustible que mueve al turf son los premios y éstos dependen de las apuestas y acá es donde la cosa se complica. Las carreras volverán sin público y habrá que recurrir a la captación remota del juego.

Turfitos y Pingazos

Entre las opciones aparecen el Turfi to, en Capital, y el Pingazo, en la provincia. Dos plataformas que permiten tomar apuestas para Palermo y San Isidro, respectivamente, en las agencias de quiniela. De entrada fueron recibidos con beneplácito por los agencieros, que los consideraban un complemento Como requisito hay un televisor con línea directa del hipódromo.

Los aficionados vigilan la evolución de las apuestas, y la mayoría se decide cuando hay campana de largada. No faltó oportunidad en que hubiera alguien jugando al Quini o al Loto y un impaciente apure al empleado diciendo “dale, que largan”.

En las agencias más amplias se les asigna un espacio particular. Dada la metodología del burrero terminó siendo un incordio para las agencias. Y tampoco es la panacea para el apostador: le cobran la comisión del 10% de la apuesta, las agencias suelen cerrar pasadas las 20 (cuando todavía quedan carreras por disputarse) y no abren los domingos.

Por eso representa apenas el 15 % de la recaudación de los hipódromos. En cuarentena y con distanciamiento social, esta modalidad es casi inviable. Entrar, jugar y salir, sin poder palpitarla, va contra la esencia misma del carrerista.

Agencias hípicas

El canal principal para el juego remoto son las agencias hípicas, diseminadas por toda la provincia de Buenos Aires, que toman apuestas diariamente para los tres hipódromos principales y también algunos del interior, como Azul y Tandil, Acá el burrero está en su salsa, ya que confraterniza con otros habitués, palpitando chances o polemizando sobre el desarrollo de las carreras. La sal del turf. Concurren a diario casi como a un club, a veces sin saber siquiera dónde hay carreras.

Pero la cuarentena modifi có todo. En los días previos a la paralización se permitía un ingreso de público no mayor al 50% de la capacidad de los locales.

Hay que considerar que no todos tienen una agencia cerca y eso implica movilizarse muchas veces de Capital a provincia, ya que en la ciudad la única agencia funciona en el hipódromo de Palermo, los días que hay carreras en San Isidro o La Plata.Esto conlleva una merma importante, por lo que deben sumarse nuevos recursos.

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