Por Matías Resano
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"Me sacaron los clavos de la cruz", expresó con alivio y felicidad Ricardo Lombardi, el hombre de 92 años que movió cielo y tierra para revertir un controvertido fallo judicial que lo separaba de quien es su compañera de vida desde hace 63 años. El anciano había sido falsamente acusado por una enfermera de violar a su propia esposa, por lo que de manera preventiva la mujer había sido alojada en un centro de salud. Sin embargo, las pericias descartaron la imputación y, tras una larga demora, el juez a cargo de la causa ordenó que Ana regrese a su casa, junto a su amor.

El jueves pasado, Ricardo salió de los tribunales de Lomas de Zamora acompañado por el abogado penal Martín Narducci con la certeza de haber conseguido justicia. Durante largos meses habían golpeado varias puertas para agilizar las trabas burocráticas que impedían que Ana regresara a su vivienda. Finalmente, luego de tanta insistencia, el Juzgado N° 6 de Familia revocó el fallo por el cual la mujer permanecía internada en el Hospital Gandulfo, desde diciembre pasado. "Pasaron cosas insólitas. Fue todo muy lento porque estuvieron deshojando la margarita para ver qué hacer, a pesar que la UFI 9 había archivado la causa por falta de pruebas", sostuvo el letrado en diálogo con Crónica.

El drama del matrimonio comenzó en mayo pasado, cuando una enfermera que le brindaba asistencia a la abuela, de 92 años, acusó a Ricardo de haber abusado de su propia mujer. Fue entonces cuando el magistrado determinó separarlos mientras se llevaban a cabo las pericias de rigor. A pesar de que los resultados desestimaron todo tipo de ataque sexual, Ana permaneció en el centro de salud durante más de 60 días.

Por esta razón, Lombardi reconoció a Crónica, al mismo tiempo que paseaba por el patio de su casa junto a su compañera, que "recién el jueves me sacaron los clavos de la cruz en mis pies y en mis manos. Aunque todavía siento lo que pasamos y no lo puedo disfrutar plenamente".

No obstante, Ricardo también reconoció que "fue un momento inexplicable cuando la vi entrar otra vez a casa. A pesar de la injusticia de un juez, pude demostrar que sólo tengo amor para Ana y eso fue gracias a la ayuda de todos, incluso de gente extraña que se acercó al hospital para acompañarnos y darnos fuerzas", dijo con agradecimiento.

En tanto acondicionan el hogar de acuerdo con las necesidades de la anciana, ella y su leal esposo disfrutan de sus primeros momentos juntos tras la odisea judicial, tomándose de las manos y disfrutando de la tranquilidad de su casa. Una muestra de amor admirable que pudo sortear lo que finalmente se probó como una falsa denuncia que claramente les arruinó sus vidas durante más de medio año.