En la actualidad, más de la mitad de la población argentina tiene problemas con su trabajo o no logra generar los ingresos necesarios para sostener al 100% los gastos de una familia tipo. Pero lo que más alarma a las argentinos es el desempleo, que según el INDEC, ha crecido abruptamente en los últimos tiempos, lo que significa un dolor de cabeza para miles de personas que día a día recorren las calles con el objetivo de encontrar una fuente laboral.

En el segmento "Cómo Seguimos", que se transmite por Crónica HD, Cristian Pereyra, que hace changas para sobrevivir, explicó: "Tengo estudios completos, soy cocinero y estoy laburando en la calle, de trapito. La situación está muy mal, cuesta mucho ganar un plato de comida para los hijos, como también ayudar a los viejos con un remedio".

"Antes tenía un empleo formal y hoy vivo el día a día, con el objetivo de sostener a mis dos hijas y al bebé que viene en camino", explica el hombre, que hasta hace unos meses trabajaba en el ferrocarril Mitre. "Hago changas de todo tipo, vivo esperanzado de que salga el sol para lavar coches. Si nos llueve una semana, tengo que inventar cualquier cosa para llevarle a las nenas lo que necesitan. A veces no nos alcanza para pagar la luz ni el agua", indica, para luego confesar una anécdota que le duele en el alma: "Mi chiquita, que va a cumplir 11 años, me preguntó ¿por qué no comemos más asado los domingos? Sinceramente no me alcanza y no me da vergüenza ir a pedir algo de verdura o alimentos para ella y su hermana", continúa.

Cristian Pereyra, un luchador. 

Asimismo, agrega: "Yo soy cocinero pero busco trabajo de limpieza, de seguridad, de ayudante de albañil, hago lo que sea para tener algo que me respalde. Cuando llego a mi casa después de tantas horas en la calle, le tengo que poner la mejor, por mi familia. A la noche la cabeza a diez mil por hora. Cuando me acuesto, a veces lloro, a veces hablo solo. Nunca pensé que la iba a pasar tan mal", finaliza.

Por otro lado, la historia de Ángel Horacio Rodríguez refleja los dilemas que enfrentan aquellos que no tienen ni los medios para salir a buscar una fuente laboral: "Vivo en la casa de mi vieja donde antes alquilaba y ahora, lamentablemente por ser despedido, no le puedo pagar. Yo estoy sin laburo y por ahí consigo un auto para trabajar de remís, no más de eso. A veces no tengo casi para comer, la mayoría de las veces ceno torta fritas y mate cocido".

Ángel Horacio Rodríguez, conmovido. 

"Yo cobro un fondo de desempleo de 2.900 pesos. Mi boleta de luz es de casi 8.300 pesos. El gas lo tengo cortado, que tengo el cepo. ¿Qué hago? ¿pago la luz una parte y no pago durante todo el mes? El estado se olvidó de los pobres", señala el desempleado de 49 años, que entre lágrimas concluye: "Es triste pero es la realidad, esto te duele de verdad"