Por Florencia Golender
@Flopa01

En los primeros tres meses del año, uno de los rubros que más complicó la aspiración antiinflacionaria del gobierno nacional fue el de los alimentos. Durante el período en que el dólar subió un 16 % (de noviembre a marzo), la góndola del supermercado o del almacén de barrio varió entre 2 % y 2,3 % mensual según el Indec. El tipo de cambio se acaba de disparar casi 10 % en abril, un escenario que profundizará la tendencia.

"Con más presiones sobre el tipo de cambio, la posibilidad de que los alimentos operen como ancla del nivel general de precios o al menos en forma neutral luce más improbable", asegura un informe elaborado por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea al que accedió Crónica.

De hecho, en el primer trimestre del año los precios de los alimentos mostraron una aceleración respecto de los valores que se registraban en el segundo semestre de 2017. "Se observa que estos valores se adelantaron a otros precios de la economía, fenómeno que no había sido muy frecuente en el último año y medio", asegura el texto preparado por los economistas Juan Manuel Garzón y Federico Wyss.

En medio de la escalada del dólar (el último jueves llegó a tocar los $ 23, el viernes cerró a $ 22,28), el análisis enumera las principales variables que están afectando el precio de los alimentos: "desencuentros" entre el Banco Central y el Poder Ejecutivo en materia de política monetaria, efecto de la sequía sobre la recaudación de los dólares provenientes del agro, suba de tasas de interés en Estados Unidos, impuesto a la renta financiera de extranjeros.

Se estima, en tanto, que el promedio general de inflación será cercano al 9 % una vez que se conozca el número de abril (en el primer trimestre fue 6,7 % mientras el rubro alimentos llegó a medir 7,2 % en el Gran Buenos Aires). Las consultoras privadas, por ejemplo, ya calculan para el cuarto mes un 2,4 % de suba generalizada de los precios. En el caso de los alimentos entonces, podría ser aún mayor, y alcanzar muy pronto promedios mensuales de casi 3 %.

"La principal hipótesis -puntualiza el informe- para explicar la escalada en los alimentos es el comportamiento del precio del dólar y la mayor vinculación que tienen estos productos (en relación a otros) con el comercio exterior".

Con mayor ritmo

En este marco vale la pena tener en cuenta lo que viene sucediendo en los distintos grupos que llegan a la góndola para "identificar fenómenos particulares o específicos", según explica el informe de IERAL.

Utilizando como referencia tres índices de precios (IPC GBA INDEC, IPC CABA e IPC Córdoba), "se observa que mientras los precios de los alimentos subían en promedio entre un 6 % y 7 % entre diciembre 2017 y marzo de 2018 en las tres mediciones, los precios de algunas categorías de productos lo hacían a un ritmo mucho mayor y lo contrario sucedía en otras".

Las frutas, las carnes y los panificados, subieron por encima del promedio, mientras que otros cuatro, hortalizas, lácteos y huevos, aceites, azúcar y dulces, por debajo de la media (con excepción de los lácteos en Córdoba, cuyos precios muestran una variación de +10 %).

El análisis se detiene en dos casos en particular. En primer lugar, el de las frutas, "quizás el que más llame la atención, considerando que sus precios crecieron a tasas de entre 14 % y 17 % en el primer trimestre, que duplican a las de toda la canasta de alimentos", observa. "Una cuestión que explica esta aceleración en los precios de las frutas es el importante incremento que se produjo en las exportaciones de casi todas ellas en el primer trimestre de 2018 (limones, peras, manzanas, etc.); un contexto de mayor escasez relativa de producto en el mercado interno puede haber disparado las cotizaciones", calcula.

La carne, a fin de año

Al menos en las dos carnes que se exportan y suelen integrar las mediciones oficiales, carne bovina y carne aviar, el aumento de tipo de cambio y la consecuente mejora en las condiciones de exportación se ha trasladado "sólo parcialmente a los precios consumidor", considera el informe que calcula una suba para fin de año y lo explica en términos de oferta y demanda.

"Esto obedece -según argumenta el texto- al momento que atraviesa el mercado de carnes: la producción viene creciendo muy fuerte desde el año pasado. En un contexto de oferta abundante, que enfrenta una demanda interna satisfecha de carnes y donde las exportaciones no representan todavía un volumen tan significativo, la posibilidad de realizar ajustes de precios internos es poca. Ahora bien, cuando el ciclo ganadero se revierta (actualmente más cerca de una fase de liquidación que de retención de vientres) y cuando la demanda interna se haga más fuerte, la hacienda y la carne bovina seguramente mostrarán un ajuste de precios ascendente importante". Este último escenario llegaría a fines de la primavera y el verano.