Por Florencia Bombini

@florbombini

Ni al mejor guionista se le hubiese ocurrido semejante historia de amor, con detalles nunca vistos en la pantalla grande. Alejandra Satriani y Facundo Casco lo hicieron posible gracias al gran espíritu de superación que los une.

Anoche, la pareja contrajo matrimonio en la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes, en Santos Lugares, en una ceremonia emocionante hasta las lágrimas. Ella tiene 40 años y a los 18 tuvo un accidente que le produjo una lesión en la médula que la dejó cuadripléjica; él, un año menor, quedó paralítico luego de haber padecido un hecho de similares características.

Con el dolor de volver a empezar, ambos se conocieron en una clínica de rehabilitación en Caballito, en la que, a pesar de sus siete pisos, sus habitaciones eran linderas. El apoyo mutuo fue lo que los unió, el poder entenderse uno al otro en el peor momento de sus vidas terminó de concretar a esta pareja que ayer vivió un día inolvidable.

Comenzó con el Civil, continuó a la noche con el casamiento en la iglesia, luego una gran fiesta con 110 invitados, entre los que había médicos y enfermeras, y posteriormente la noche de bodas en un hotel cinco estrellas.

En diálogo con este medio y con la emoción de llegar a esta instancia, Alejandra comentó que “fue un sueño cumplido y lo hicimos con la gente que nos ayudó día a día para que esto sea posible”.

La flamante esposa encontró las palabras perfectas para definir lo que sintió cuando conoció a Facundo, que ingresó tres meses después que ella a la clínica de rehabilitación: “Fue el peor momento de nuestras vidas en lo personal y el comienzo de lo mejor, que es el amor”.

Y agregó que “yo me empecé a apoyar en él y él en mí”. La relación que comenzó en aquel entonces fue celebrada hasta por las enfermeras, testigos exclusivos de esta historia de amor. “Ellas nos querían casar ahí”, recordó Alejandra, quien detalló que “cuando conocí a Facundo, le dije a mi mamá que me iba a casar con él”.

Lo que vivieron dentro de la clínica fue lo que los terminó uniendo hasta llegar al altar. “Nos entendíamos como nadie. Creo que cuando te une una vivencia de dolor, todo es más fuerte”, señaló reflexiva la novia, que anoche lució un vestido especialmente diseñado para ella, por Lily Naya.

El reencuentro

Si bien su historia comenzó en la clínica de rehabilitación, cuando recibieron el alta, Alejandra y Facundo siguieron su camino por separado. “Yo decidí alejarme, porque al salir de ahí tenía que aprender a hacer todo de nuevo, a rearmar mi vida”, sostuvo ella.

Tenía por delante una tarea demasiado pesada y ella decidió postergar el amor. Sin embargo, después de 10 años de hablar sólo para cumpleaños, ambos retomaron el contacto. Así resurgió aquello que habían dejado inconcluso hasta fortalecerse en la pareja que hoy forman. Hace dos años compraron su casa en Santos Lugares y anoche esta historia de amor tuvo el capítulo más importante hasta ahora, fruto del espíritu de superación de Alejandra y Facundo.

Ayuda mutua: clave en el día a día

Alejandra y Facundo conviven desde hace tiempo y entre los dos aprendieron a ayudarse uno al otro. Ella es psicóloga y por la tarde trabaja desde su casa, al igual que su pareja, que se dedica a la programación. La discapacidad de la mujer sólo le permite mover los brazos, por lo que recibe asistencia también de enfermeras que van diariamente a su casa.

“Yo voy a trabajar a la mañana a un banco con la silla a motor, porque es a cinco cuadras de mi casa, y por la tarde empiezo a atender en mi domicilio”, sostuvo Alejandra, quien detalló que su flamante marido “se traslada al centro dos veces por semana, y si no llueve va en tren”.

Además, destacó que él no utiliza silla de ruedas a motor, porque “puede mover la parte superior y tiene fuerza en los brazos”. El aporte de Facundo es fundamental para Alejandra. “El tiene lo suyo, una dificultad física que no es sencilla, trabaja como cualquier persona y además de esto, me ayuda a todo, a acostarme, a cambiarme”.

Si bien reciben la ayuda de enfermeras, ellos viven solos y cada uno con sus posibilidades ayuda al otro a sacar y dar lo mejor de sí: “Nos complementamos muy bien”, concluye Alejandra