Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

Desde hace años, los vecinos de Villa Domínico reclaman la construcción de cloacas. Les prometieron una y mil veces el inicio de obras, pero la demanda sigue insatisfecha. En las calles se acumulan los desechos y hasta se forman charcos de agua donde los vecinos aseguran se crían las larvas del mosquito transmisor de dengue. De hecho, sostienen que en la zona ya se detectaron diez casos.

En las calles San Nicolás, Tres Arroyos, Casazza y Sturla, de esa localidad del partido de Avellaneda, se extiende un paisaje habitual pero a la vez lamentable y por demás repugnante. En la cinta asfáltica, pegado al cordón, tiene su curso el agua de color amarronado y de olor putrefacto, producto de los desechos sanitarios provenientes de las viviendas.

Es decir, ante la carencia de cloacas, los excrementos terminan en pleno asfalto mezclándose incluso con restos de basura. "Soy una de las principales afectadas porque mi casa está en una suerte de pozo, en el que confluyen todos los restos de las calles linderas, conformándose una laguna de olor insoportable", dijo a Crónica María Esther, vecina del lugar, con visible tono de indignación.

El problema se acentuó en los últimos cinco años cuando asfaltaron los mencionados accesos y taparon las zanjas sin construir la red cloacal correspondiente. En este sentido, la mujer detalló que "tras el asfaltado, muchas calles quedaron sin cloacas y entonces caen 30 centímetros de agua de lluvia y se inunda la zona. Además de la que proviene de los baños y de las cocinas de las casas, que también termina en la calle".

Al no haber sistema de desagüe, el agua contaminada escurre en la vía pública y en caudales considerables. Una serie de condimentos para la conformación de focos infecciosos e incluso potenciales criaderos de mosquitos Aedes aegypti, que transmiten el virus del dengue.

 Una afección que cuenta con doce casos en Villa Domínico, sólo en las últimas semanas. Por esta razón, María Esther remarcó que "si hubiera cloacas, no habría agua podrida, y sin esa agua, no habría estos insectos". "Le escribí cartas, le mandé mails al intendente (Jorge Ferraresi) y nada. El encargado de Obras Públicas me dijo que lo iban a hacer pero quedó en palabras", reveló la mujer, cansada de haber golpeado las puertas del municipio de Avellaneda sin obtener respuesta alguna.

A su vez, dejó en claro que "las fumigaciones no son suficientes. Tienen que entender en el municipio lo que estamos pasando, no se ocupan y necesitamos que el barrio sea saneado. La salud es un derecho", sostuvo con vehemencia. Un testimonio que da cuenta de las penurias en materia sanitaria de los residentes de Villa Domínico, que, salta a la vista, evidentemente no son tales para quienes tienen que hacer las obras necesarias para que los vecinos puedan vivir en un lugar apto para la salud.