Por Matías Resano 
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Ante la falta de respuesta de las autoridades municipales de Moreno por la ola de delitos que padecen, los vecinos del barrio Mariló tomaron una decisión extrema: formaron patrullas civiles armadas para combatir a los delincuentes. Con una modalidad semejante a la de los habitantes de Florencio Varela, los vecinos de Moreno recorren las calles de la zona durante la madrugada munidos de armas de fuego, palos, cuchillos y cualquier otro tipo de defensa, consecuencia de la inacción de los responsables del distrito. Aun así, los vecinos, cansados de la alarmante situación, reclaman seguridad antes de que suceda una verdadera tragedia.

"Hace un par de meses que venimos con reuniones con diferentes autoridades, entre ellas el secretario de Seguridad del municipio. Pero no recibimos respuestas y entonces los vecinos decidimos organizarnos", argumentó Amanda. La mujer reside en el barrio Lomas de Mariló, de Moreno, escenario de reiterados episodios de robo en la vía pública, principalmente con la presencia de motochorros.

En este sentido, la vecina dejó en claro que "esto es a cualquier hora, ya ni siquiera podemos resguardarnos en nuestras viviendas porque te entran de cualquier manera, por las ventanas, con ganzúas para forzar las puertas". Hartos de los atracos, desde hace dos semanas, entonces, cada noche se reúnen entre seis y ocho vecinos, quienes a bordo de dos automóviles particulares, patrullan el barrio, comunicándose mediante grupos de WhatsApp para estar alertas.

Lo curioso del caso es que los moradores realizan sus rondas de vigilancia, armados con palos, gas pimienta, picanas y cuchillos y hasta armas de fuego. Justamente, Amanda, quien es una de las dos mujeres que integra la "fuerza vecinal", detalló que "yo duermo con un cuchillo debajo de la almohada porque sé que en cualquier momento van a entrar a mi casa". A su vez, remarcó que "ya no sabemos qué tener para defendernos".

Una situación inédita y alarmante que también se extiende en las escuelas de la zona, a las cuales los alumnos arriban acompañados de sus madres y son ellas quienes van armadas con diferentes objetos -palos, cuchillos- y en el caso de aquellos que deben ir solos, sus propios padres los proveen de gas pimienta y hasta elementos cortantes en sus mochilas para repeler cualquier tipo de ataque.

En este sentido, Amanda justificó que "la gente tiene mucho miedo porque el municipio no hace nada. Estamos desamparados, entonces no nos queda otra que protegernos nosotros mismos, sabiendo que exponemos nuestras vidas", reflexionó. Aun así, no es función de los vecinos responder con sus propias manos ante el delito, sino confiar en un Estado municipal que los proteja.