Por Matías Resano
mresano@cronica.com.ar

En tiempos de enfermedades y prevenciones, ellos pueden brindar un testimonio fiel de proteger al otro, principalmente al ser más preciado que un hombre puede tener como lo es un hijo. En sus casos, sus niños constituyen su principal razón para seguir adelante, sorteando enfermedades, dificultades biológicas y judiciales, y también materiales. Diferentes factores que Eduardo, Mario, Matías y Rolando sortearon, y en algunos casos lo siguen haciendo, por una misma causa: sus hijos.

A un abrazo estrecho y fuerte recurre Eduardo cada vez que al menor de sus cuatros hijos, Dante, experimenta una crisis nerviosa, como desencadenante de las diferentes afecciones que padece. El niño, de 6 años, sufre una hernia diafragmática, que a su vez desencadenó EPOC y un retraso madurativo. Una sucesión de enfermedades por las cuales el menor debe estar conectado a un respirador y a un tubo de oxígeno. A su vez, sufre brotes que se manifiestan en golpes que su padre está dispuesto siempre a recibir, y en su caso es real que pone la otra mejilla.

Al respecto, el propio papá reconoció a Crónica: "Si no los recibo yo, los recibirán mí esposa y mis hijos. Prefiero abrazarlo y contenerlo porque además producto de los nervios se le cierran los bronquios". Sin embargo, el mayor impacto lo padeció al tomar conocimiento del cuadro de salud de su niño, que se cristalizó en un pico de estrés por el cual fue despedido de su entonces puesto de trabajo.

Luego realizó changas para contar con el tiempo suficiente que le permitiera acompañar a su hijo en el tratamiento. Al mismo tiempo, no bajó los brazos cuando las autoridades médicas le anunciaron que el pequeño no podría caminar. Él siguió su instinto, y un día lo tomó de las axilas y Dante respondió, pudo pararse, y tres años después dio sus primeros pasos. 

En la actualidad, él camina, incluso juega, mientras Eduardo le sostiene su equipamiento asistencial. En este sentido, el hombre argumenta tan conmovedor accionar paternal en que se propusieron "seguir con Dante y tratar de salir adelante, al ver que había otros chicos que con el cariño de los padres estaban mejor". "Por eso decidimos que hay que ayudarlo y ver su sonrisa hoy es una muestra de que logramos algo de lo que queríamos", resaltó.

Abrazo del alma. Eduardo y Dante, un amor fuera de serie.

En marzo del año pasado a Mario le informaron que su hijo Dylan había sufrido una descompensación. Por lo tanto, abandonó su labor y corrió hacia su domicilio, en la localidad chaqueña de Villa Berthet. A las pocas horas viajaba a bordo de un remís, con su nene en brazos, hacia un centro de salud de Resistencia.

A los días siguientes, el pequeño y su papá marcharon hacia Buenos Aires, y en el Hospital Italiano detectaron una malformación cardíaca, cuya única opción radicaba en un trasplante de corazón. La espera fue desesperante, por momentos bajo un manto pesimista, pero el padre jamás se despegó del niño, más allá de estar lejos del resto de su familia, a miles de kilómetros de distancia, sin ningún tipo de respaldo emocional. El único motivo que lo mantenía firme era su hijo, entonces se hicieron inseparables uno del otro, y ello tuvo su premio en octubre pasado. En aquella oportunidad, Dylan recibió el corazón y en los últimos días fue dado de alta.

Mientras aguardan el permiso para regresar a casa, por el aislamiento obligatorio, Mario consideró que su ejemplar travesía de la mano de su ser querido, en un camino marcado por una enfermedad extrema, "lo haría cualquier padre". "El mejor regalo es tener a mi hijo al lado mío, y espero pasar muchos más días como este con él. El próximo domingo (por este 21 de junio) va a ser muy diferente, porque el año pasado mi cabeza estaba con él. Mi felicidad pasa por tenerlo a Dylan, quien siempre me dice: Papá lindo. Te amo", dijo.

Mario y Dylan, una relación que realmente emociona.

Un vínculo sanguíneo no es determinante para definir una paternidad, sí lo es que sentir que darías "la vida por ellos", aseguró Matías Cifuentes, padre de cinco niños, sobre los cuales, en principio, obtuvo la guarda provisoria, junto a su esposa Mariana, y que a principios de este mes la Justicia le otorgó la adopción definitiva. En relación a ello, Matías reflejó que es "el mejor regalo" que le pudieron haber hecho. "Hace unos días escuchamos a uno de nuestros nenes decir que conocernos fue volver a nacer. Ya eso es todo, no puedo pedir más nada. El hecho de que ellos reconozcan que les cambiamos sus vidas implica sentirme realizado como padre", remarcó.

En la localidad bonaerense de Ezeiza, Rolando Toñañes dedica su vocación paternal para aquellos que no cuentan con una ración de comida diaria. Por eso, de 18 a 20, abrirá las puertas de su casa, para celebrar el Día del Padre con una olla popular. Una particular forma de festejo, que para él significa: "llenarme el alma. Al ser una jornada especial, yo lo hago en honor a mi papá, que me transmitió ser solidario y sigo su ejemplo. Es una gran satisfacción, y una felicidad enorme, además de sentirme un afortunado de poder ayudar siendo un pensionado por discapacidad".

Los Cifuentes ahora sí viven felices, tras la adopción definitiva de los cinco niños.

A su forma, y por diferentes razones, Eduardo, Matías, Mario y Rolando hacen honor al rol de padre, demostrando diariamente estar agradecidos por el privilegio que les otorgó la vida.

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