Por María  Helena Ripetta 
@mhripetta 

Uno de los problemas con que se encuentran las mujeres víctimas de violencia de género es la dependencia económica del agresor. "Durante muchos años me tocaron de cerca casos de amigas y familiares que no lograban cortar con este círculo de violencia, y siempre volvían a convivir con el agresor por no poder cortar esta dependencia económica", dice a Crónica Paola Faraci, presidenta de la asociación civil para el empoderamiento de mujeres víctimas de violencia de género, donde se les brinda herramientas con las que salir de ese circulo.

"Sabemos que quien ejerce violencia de género no sólo busca aislar a la víctima de su grupo social, sino también anular su capacidad productiva, evitando que ella pueda generar sus propios recursos", continúa la impulsora de talleres en los que las víctimas aprenden sobre panadería, pastelería, electricidad, cómo emprender su propio negocio, costura y confección, bijouterie y accesorios, globología y ambientación, maquillaje social y peluquería.

Para esto la organización tiene un equipo de capacitadores formados en cada oficio. En este momento están asistiendo 80 mujeres y cerca de mil pasaron por la entidad. "Durante este tiempo de aislamiento social obligatorio, han aumentado notoriamente la cantidad de víctimas de violencia de género. Esto se ve reflejado en la cantidad de mujeres que se han inscripto el último tiempo a nuestros talleres", agrega Faraci.

"Algunas llegan en un estado de vulnerabilidad muy grande por haber atravesado situaciones de estrés traumático, donde el primer enfoque va a estar dado por contención individual. Esos son los casos más difíciles porque nos encontramos con una mujer que ha sido absolutamente cosificada y en muchas ocasiones sin herramientas psicológicas para sobrellevar las graves secuelas que el abuso y la violencia dejan no sólo en el cuerpo sino en la psiquis", explica.

"Los talleres elevan la autoestima de aquellas mujeres que los emprenden, eso es indispensable", señala Faraci. "Sabemos que el nivel de violación de las medidas cautelares es cercano al 50%, lo que lamentablemente nos lleva a tener que procurar otras herramientas para evitar que la mujer vuelva a ser agredida. Una de esas principales medidas es preservar su domicilio, sus horarios, sus recorridos, su teléfono. Lamentablemente tenemos que esconderla hasta que la Justicia le brinda a la víctima una respuesta que garantice su integridad física y psicológica", finalizó la especialista, en relación a la identidad de las mujeres que asisten.