La única manera que Maximiliano Galante encontró para proteger a su hijo autista es abandonar el hogar antes de que el reloj marcara las 0 hora de ayer. Cada Navidad y Año Nuevo no tiene otra alternativa que exiliarse lejos de donde vive junto a su familia, la ciudad rionegrina de Allen.

El año pasado publicó un video en redes sociales en el que mostraba cómo recibía la Navidad junto a su hijo, en la oscura y solitaria noche de la meseta. Mientras en la ciudad todos alzaban las copas y se deseaban felicidades, Maximiliano y su hijo Franco, que padece trastorno generalizado del desarrollo con espectro autista y no tolera los ruidos fuertes, escapaban de los estruendos de la pirotecnia.

Pasar la Nochebuena en el barrio Santa Catalina de Allen, donde vive, hubiera siduo una tortura para Franco, que tiene 12 años. "Hubo algunas propuestas de algunos padres para juntarnos entre todos y autoexcluirnos en algún lugar. Pero la verdad es muy feo tener que hacer eso para visibilizar el reclamo", dijo.