Para Giuliana, lo primero era salvar su vida: necesitaba de forma urgente un trasplante de hígado. Para Lautaro, su última voluntad significó el más altruista de sus actos. La pequeña recibió el órgano que finalmente la salvó y su donante fue el chico de 16 años que había sufrido un accidente en su Entre Ríos natal.

La casualidad hizo que los padres de ambos se conocieran y la amistad que en la actualidad los une hizo que juntos luchen a diario para concientizar sobre la importancia de donar órganos. "Cuando mi hija tenía siete meses y ya estaba hace largo tiempo en la lista del Incucai, nos avisaron que no viviría más de dos días. Pero cuando ya nos preparábamos para lo peor, vino un médico y nos dijo que había aparecido un donante", señaló a Crónica Elizabeth, madre de Giuliana, que al poco tiempo de nacer fue diagnosticada con atresia biliar -una afección que impide el paso de la bilis desde el hígado hacia la vesícula biliar y que puede provocar daño hepático mortal.

"Dio la casualidad de que en el hospital había una familia de Entre Ríos, quienes nos informaron que el donante de Giuliana era de su misma localidad: un chico que había sufrido un accidente en moto. Fue un hecho raro porque generalmente no se sabe el origen, pero a partir de ahí comenzamos una historia con la familia de Lautaro, el donante de Giuliana", continuó conmovida la mamá de la pequeña que hoy ya tiene 5 años.

"El primer encuentro con ellos fue muy difícil. Muy fuerte. Porque hacía menos de dos meses que el chico de 16 años había muerto. Primero les enviamos una carta con dos fotos y luego nos acercamos a Hasenkamp para conocerlos. Nos interiorizamos sobre Lautaro, supimos que en su corta vida fue un chico altruista y solidario. Y creo que no nos pudo pasar mejor cosa que haya sido él quien le salvara la vida a mi hija", reflexionó.

"Fue una historia complicada de llevar pero hoy por hoy hablamos bastante seguido, con todo lo que implica la ausencia de su hijo, pero la mamá de Lautaro siempre nos dice que cuando la ven a Giuly, lo ven reflejado a su hijo. Eso significa que hicieron bien las cosas", agrega. Por su parte, Teresa, la mamá del joven fallecido, también se refirió al tan esperado momento: "Cuando recibimos la correspondencia de la mamá de Giuliana fue muy satisfactorio para toda nuestra familia. Nos puso muy contentos saber que la nena estaba mejorando". "Luego, cuando nos conocimos, fue un momento muy emotivo. Giuliana lleva un pedacito de Lauti. Y su mamá siempre dice que la nena pertenece también a nuestra familia", agrega con un fuerte dejo de emoción.

Desde hace tres años, Teresa trabaja junto a un grupo de personas de su pueblo para concientizar a las personas para que sean donantes de órganos. Por ello, organizan una maratón en su pueblo natal que se convierte en motivo de encuentro de deportistas y de aficionados que, además de competir, se llevan un buen mensaje.

Este sábado será una nueva edición del encuentro y Teresa reinvindicará la Ley Justina: "Creemos que es muy importante para nuestra sociedad. Mi hijo en vida siempre manifestó que estaba de acuerdo con la donación de órganos y por ese motivo le respetamos el deseo". En la actualidad existen 10.500 personas en el país que esperan por un trasplante y sólo 13 personas por cada millón de habitantes dona sus órganos: Teresa y Elizabeth quieren cambiar ese número y lograr que toda la sociedad sea consciente de la importancia de donar.