En el marco del asesinato de Fernando Báez Sosa, un joven que trabaja hace cinco años como guardavidas en Villa Gesell realizó un duro relato de las violentas situaciones que le toca presenciar y lamentó que las autoridades hayan esperado a que ocurra un hecho fatal para tomar las medidas de seguridad que necesitaba la localidad costera. 

"Esta en mi quinta temporada trabajando como guardavidas en Villa Gesell, playa a la que le dicen 'la del horror'. Me gustaría contarles desde mi corta experiencia, las cosas que vivimos a diario acá: muchos de nosotros levantamos bandera a las 8 am y sabemos que nos enfrentamos con una lotería, una caja de sorpresas", dijo.

Explicó: "Todos los días tenemos un after en la playa con gente que salió la noche entera. La mayoría, están alcoholizados y drogados. Hemos tenido que meternos al agua sin todavía poder acomodarnos en nuestros puestos, vestidos y sin elementos de seguridad". 

"Vemos gente arriba de la casilla, tomando, rompiendo, invadiendo nuestro lugar de trabajo. Tenemos que buscar la forma de pedirles que se bajen, de buena manera, para que nadie se ponga violento con nosotros", agregó. 

Continuó: "El día comienza y aparecen las manadas de jóvenes con alcohol y se escuchan los primeros mega parlantes sonar a todo volumen, se huele el olor de los primeros porros, se ven los primeros 'duros' y claro, los que siguen desde temprano 'de rola' con la pasti, que nunca termina, están como robotitos repitiendo un paso que ni ellos ya controlan". 

"Nuestro trabajo no es solamente mirar el agua y que nadie se ahogue, sino también atender primeros auxilios. Pasamos de un corte, una picadura de aguaviva, una baja de presión, a limpiar espuma en la boca, atender comas alcoholicos, trasladas en ambulancia a pibes con signos vitales indescifrables", expresó. 

"En lo que va de la temporada, en mi sector, ya se pidieron más de cinco ambulancias para trasladar a gente convulsionando. No es muy difícil la suma: alcohol + droga = cocktail = convulsión. En fin, prevención por acá, rescate por allá, no se metan ahí, criaturas solas en el agua, borrachos violentos, miles de nenes perdidos, gente invadiendo nuestro espacio de trabajo, grupitos de pibes pateando pelotazos en lugares mínimos, botellas que vuelan, etc", detalló.

"Tratamos de explicar amablemente cuando le llamamos la atención a alguien y las respuestas son cada vez más violentas, agresivas e insólitas. "Qué me tocas el silbato puto", "Yo me meto donde quiero", "Bueno para eso estás vos, para que mi hijo no se ahogue", "30 minutos buscándote Mateo (5 años), donde te metiste tarado?", "Eh loco pero quiero sombra, por qué no me puedo meter abajo de la casilla?, que ortiva". "Por qué me viniste a buscar? Yo puedo salir solo, soltame (con aliento a un mezcladito de mil horas)", son algunos de los comentarios que recibe a diario, dijo.

"A veces vuelvo agradeciendo que ni a mí ni ninguno de mis compañeros nos pasó nada, a veces vuelvo y no se que contarle a mi familia para que no se preocupe. En estos 5 años que estoy acá, ésta escena se repetía todos los días, pero como siempre, en este país, el de los hijos del rigor, buscamos cruzar un límite para poner un límite. Esta vez el tristísimo punto final lo puso Fernando, el que abrió los ojos de todo un país para que hoy llegara a la playa y viera un despliegue policial sin precedentes en Villa Gesell. Controles, cacheos, fuerzas especiales, helicóptero, como si se tratara de la entrada a un recital de Rock. La playa no es la del horror como dicen, el horror es que tenga que pasar lo que pasó para que se tomen medidas como las que ya todos ven en los medios", concluyó el guardavidas.

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